
Queridos hermanos y hermanas: La Palabra de Dios de hoy nos presenta dos escenas marcadas por el sufrimiento y la esperanza.
En la primera lectura vemos al pueblo de Judá viviendo la tragedia del exilio:
* Jerusalén destruida,
* el templo arrasado,
* y el pueblo deportado lejos de su tierra.
Y en el Evangelio encontramos a un leproso que se acerca a Jesús con humildad y fe diciendo: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Estas palabras contienen una confianza profunda en el poder y en la misericordia de Cristo.
Primera clave: El pecado y el alejamiento de Dios hieren profundamente al ser humano.
La caída de Jerusalén no fue solamente una derrota política. Fue también consecuencia del alejamiento espiritual del pueblo.
Cuando el ser humano aparta a Dios de su vida:
* pierde la paz,
* se debilita interiormente,
* y fácilmente termina viviendo vacío y confundido.
También hoy muchas personas viven una especie de exilio espiritual:
* lejos de Dios,
* lejos de la oración,
* lejos de la fe,
* y lejos de la verdadera esperanza.
El salmo expresa el dolor del pueblo: “Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.”
San Agustín decía: “El alma se seca cuando se aleja de la fuente que es Dios.” Solo el Señor puede sanar el corazón humano.
Segunda clave: Jesús se acerca con misericordia a los heridos.
En tiempos de Jesús, la lepra era una enfermedad terrible.
El leproso vivía:
* aislado,
* rechazado,
* y considerado impuro.
Sin embargo, este hombre no pierde la esperanza. Se acerca a Jesús con humildad y confianza. Y Jesús hace algo impresionante: “Extendió la mano y lo tocó.” Cristo no rechaza al que sufre. Jesús toca, sana, levanta y devuelve la dignidad.
También hoy existen muchas “lepras”:
* heridas interiores,
* soledad,
* resentimientos,
* pecados,
* adicciones,
* miedos,
* y sufrimientos escondidos.
Y Cristo sigue acercándose con misericordia.
San Juan Crisóstomo decía: “Cristo toca al pecador no para condenarlo, sino para devolverle la vida.” Nunca debemos perder la confianza en la misericordia de Dios.
Tercera clave: La fe humilde abre el corazón a la gracia.
El leproso no exige. No impone condiciones. Simplemente dice: “Si quieres…” Qué hermosa actitud de fe y humildad. Muchas veces queremos que Dios actúe según nuestros planes y tiempos. Pero la verdadera fe aprende a confiar plenamente en la voluntad del Señor.
Hoy Jesús nos pregunta: * ¿acudimos a Él con confianza? * ¿dejamos que sane nuestras heridas? * ¿reconocemos nuestra necesidad de Dios? * ¿vivimos con humildad delante del Señor?
Hoy celebramos también la memoria de San Pelayo, joven mártir que permaneció fiel a Cristo incluso en medio del sufrimiento. Su valentía nos recuerda que el amor a Dios vale más que cualquier dificultad.
Santa Teresa de Jesús decía: “La humildad es caminar en la verdad.” Y la verdad es reconocer que necesitamos continuamente la gracia de Dios.
Conclusión
Queridos hermanos: Hoy el Evangelio nos invita a acercarnos a Cristo con confianza y humildad.
Pidamos al Señor la gracia de: * dejarnos sanar por su misericordia, * no alejarnos nunca de Dios, * vivir con fe humilde, * y confiar plenamente en el amor de Cristo.
Que María Santísima, Madre de la Misericordia, nos acompañe siempre y nos acerque cada día más a Jesús. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM