Lc 6, 12-19 “Escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles.”

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN

Hoy la Iglesia celebra con alegría la fiesta de San Simón Apóstol y San Judas Tadeo, dos de los doce apóstoles escogidos personalmente por Jesús. El Evangelio nos dice que el Señor pasó la noche en oración antes de elegir a sus discípulos. Esto nos enseña algo muy importante: toda vocación nace del corazón de Dios y de su amor. Jesús no elige a personas perfectas, sino a hombres sencillos dispuestos a seguirle con fe y fidelidad.

También nosotros hemos sido llamados por el Señor. Cada cristiano tiene una vocación y una misión. Dios cuenta con nosotros para anunciar el Evangelio en medio del mundo. A veces pensamos que no somos capaces o que tenemos demasiadas limitaciones, pero Jesús no llama por nuestros méritos, sino porque Él quiere actuar a través de nuestra vida. San Simón y San Judas dejaron todo para seguir a Cristo y entregaron su vida anunciando el Evangelio hasta el martirio.

La primera lectura nos recuerda que la Iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles. Cristo es la piedra angular, y los apóstoles fueron enviados para anunciar la Buena Nueva hasta los confines de la tierra. Gracias a su testimonio, la fe llegó también hasta nosotros. La Iglesia no es una realidad solamente humana; es una comunidad fundada por Cristo y sostenida por el testimonio apostólico.

Hoy el mundo necesita nuevamente apóstoles valientes:

  • personas que anuncien la verdad,
  • que vivan con coherencia,
  • que transmitan esperanza,
  • y que lleven el amor de Cristo a los demás.

Cada bautizado está llamado a continuar esta misión en la familia, en el trabajo, en la parroquia y en la sociedad.

El Evangelio nos muestra también que Jesús no solamente enseñaba, sino que sanaba y levantaba a las personas. Dice san Lucas que “de Él salía una fuerza que los curaba a todos.” Cristo sigue hoy acercándose a nuestra vida para sanar nuestras heridas, fortalecer nuestra fe y devolvernos la esperanza. La Iglesia debe ser siempre un lugar de acogida, misericordia y sanación espiritual.

San Judas Tadeo es conocido especialmente como intercesor en las causas difíciles y desesperadas. Cuántas personas encuentran consuelo y esperanza a través de su intercesión. Y San Simón Apóstol nos recuerda la fidelidad silenciosa y perseverante del discípulo que permanece unido al Señor.

Como decía San Agustín:

“Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano.”

Todos caminamos juntos como discípulos del Señor, llamados a vivir la fe en comunión y amor.

Queridos hermanos, hoy pidamos al Señor la gracia de ser discípulos fieles, generosos y valientes. Que no tengamos miedo de responder a la llamada de Cristo y de anunciar el Evangelio con nuestra vida. Y que San Simón y San Judas intercedan por nosotros para que permanezcamos firmes en la fe y llenos del amor de Dios.

Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM