Retomar y renovar el propio Bautismo por el bien del hijo, de la pareja y por el propio

NUEVO COMIENZO. Se comienza a pertenecer a la Iglesia al comenzar a ser hijo de Dios Padre por la unión bautismal con Cristo. Para llegar a esto, el Espíritu Santo nos limpia de todos los pecados, pecado original y pecados personales, dándonos una nueva identidad, una nueva belleza, una nueva capacidad de ser libres.

Dios es perfecto y vive desde siempre y para siempre. No le falta nada y todo en Él es bueno. Dios es pleno y feliz como nadie más lo es y esa felicidad la vive en la comunidad de AMOR que es la Santísima Trinidad. Dios PADRE es eterno y tiene desde siempre a un HIJO; los dos se aman con un amor tan fuerte, infinito y perfecto que ese AMOR es el Espíritu Santo.

El Padre y el Hijo y el Espíritu Santo están unidos por un AMOR tal que, siendo tres Personas, están unidos hasta el punto de ser un solo Dios. La familia humana es icono de esa Vida y cada miembro está llamado a vivir y encarnar ese divino Amor con los demás. Ese es el ofrecimiento del PADRE al invitarnos a unirnos a Jesús por el Bautismo, un ofrecimiento en el que se funda el matrimonio; aceptarlo pasa a ser una exigente necesidad por el bien integral de los hijos.

EL VERDADERO HOGAR DE LA FAMILIA. Todas las personas son creadas por Dios. El padre y la madre son como las manos con las que Dios nos crea, dándonos un alma espiritual e inmortal desde el principio de nuestra existencia en el vientre de nuestra madre.

Como vemos que le pasó a Jesús, nuestro cuerpo es frágil y puede recibir heridas o enfermedades además de envejecer y morir. Aunque nuestro cuerpo sea mortal nuestra alma no lo es y eso quiere decir que nuestra vida no consiste solo en el tiempo que nuestro cuerpo esté vivo porque, como vemos en Jesucristo, Él vuelve a estar vivo después de morir -resucita- y, desde ese momento, está vivo para siempre.

Que tengamos un alma inmortal nos indica que el destino y el sentido de esta vida no se encuentran en el tiempo. Nuestra vida solo será tan plena como Dios quiere si conocemos a Jesús y nos unimos a Él por el Bautismo para comenzar a ser hijos de Dios y poder vivir la vida del Evangelio de Su Hijo como antesala de la Vida eterna.

Todas las personas han sido creadas para llegar a ser hijos de Dios y vivir tan unidas a Jesús por llevar una vida buena, aprendiendo del Evangelio, que puedan seguir estando unidas a Él después de la muerte. Dios nos ha creado a todos para que seamos cada vez más parecidos a Jesús. Sólo sí permanecemos unidos al Señor por una vida cada vez más semejante a la Suya podremos participar de Su felicidad ahora y para siempre. El BAUTISMO da inicio a esta VIDA DE CRISTO EN MÍ.

Vivir para siempre con Dios y en Él ES “el Cielo”. La vida desde el Bautismo consiste en tomar a Jesucristo como Camino y como meta, viviendo según la enseñanza del Señor y de la Iglesia gracias a la fuerza y la luz que Él nos da a través de la oración y los sacramentos; es vivir tan unidos a Él que podamos ir recibiendo todo lo que es Suyo desde este “hoy” y hacia la eternidad.

LOS SACRAMENTOS. Son la forma en la que Dios nos llena de su gracia, poniéndose a nuestro lado en los momentos más importantes de nuestra vida. Él siempre está con nosotros pero mucho más cuando más lo necesitamos o cuando llega uno de esos momentos fundamentales.

La enseñanza de Dios está siempre a nuestro alcance a través de la Biblia y de las explicaciones que nos da la Iglesia para que comprendamos la Sagrada Escritura y podamos vivir siempre según esa enseñanza que nos hace capaces de vivir como hijos de Dios y como hermanos de los demás. Todo empieza con el Bautismo.

Gracias a Jesucristo comprendemos que todas las personas seremos mucho más felices si somos benévolos y bondadosos con los demás. Perseverar en esta vida no es sencillo y por ello necesitamos vivir unidos a Cristo. Cuando somos bautizados, Jesús se une a nosotros de forma tan íntima que cuando el Padre le mira a Él (que es su Hijo) nos ve también a nosotros y nos adopta como hijos, recibiendo a María, la madre de Jesús, como madre nuestra.

Gracias a Jesús y a la amistad con Él -que comienza al recibir el Bautismo- podemos ser y aprender a vivir como hijos de Dios para poder “llegar al Cielo” por haber vivido aquí haciendo lo que los Santos hacen ya en la vida eterna: amar a Dios sobre todas las cosas y amarse entre ellos como cada uno ama al Señor.

El Bautismo se realiza una vez pero, su significado debe ser repetido cada día que vivamos

¿Qué signos acompañan el Bautismo?

  • Los padres y padrinos deberán pedir el Bautismo
  • Los niños serán marcados:
    • Señal de la Cruz
    • Óleo de los Cutecúmenos.
  • Los padres y padrinos invocan a los Santos
  • Reciben el Bautismo en el agua y en el Espíritu Santo.
  • Los padres y padrinos
    • Renuncian al mal.
    • Proclaman su fe.
  • Los niños son ungidos con el Santo Crisma
  • La Luz.
  • La vestidura blanca.

Señal de la cruz
Padres y padrinos piden a Dios su protección para nosotros.

Vela
Estamos llamados a ser luz para el mundo.

Palabra de Dios
Dios nos habla, nosotros lo escuchamos.

Agua
El agua limpia y da vida
El bautismo nos de pecados y nos da una vida nueva.

Aceite sagrado
El aceite que muestra como se puede impregnar nuestra vida con la fuerza del Espíritu.