LUCAS 11, 15–26 “El Reino de Dios ha llegado a vosotros”

La Palabra de Dios de hoy nos presenta a Jesús expulsando demonios y manifestando el poder del Reino de Dios. Sin embargo, algunas personas, en lugar de abrir el corazón a la verdad, acusan al Señor de actuar por el poder del mal.

Jesús responde con firmeza mostrando que donde Él está presente, allí actúa Dios, allí vence la luz y allí comienza un mundo nuevo marcado por la salvación y la libertad.

Primera clave: Cristo ha venido a vencer el mal.

Jesús afirma: “Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.” Con estas palabras, el Señor revela que el poder de Dios es más fuerte que cualquier fuerza del mal.

El Evangelio nos recuerda que el mal existe y que muchas veces intenta destruir la paz del corazón humano mediante el egoísmo, el odio, la mentira o el pecado. Pero Cristo ha venido precisamente para liberarnos y conducirnos hacia la verdadera vida.

Cada vez que una persona vuelve a Dios, perdona, ama y busca la verdad, el Reino de Dios se hace presente en el mundo.

Segunda clave: No podemos vivir con el corazón vacío.

Jesús habla del espíritu impuro que sale de una persona y luego regresa encontrando la casa vacía. Con esta imagen nos enseña que no basta con alejarnos del pecado; necesitamos llenar el corazón con la presencia de Dios.

Cuando el alma permanece vacía de oración, de fe y de amor, fácilmente vuelve a caer en la tristeza, el egoísmo o las tentaciones.

Por eso la vida cristiana necesita alimentarse continuamente de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la oración y de la caridad concreta hacia los demás.

San Juan Leonardi, cuya memoria puede celebrarse hoy, dedicó su vida a renovar espiritualmente al pueblo cristiano, enseñando que solo Cristo puede transformar verdaderamente el corazón humano.

Tercera clave: La fe nos hace participar de la bendición de Dios.

San Pablo nos recuerda hoy que “los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel.” La salvación no se alcanza únicamente por esfuerzos humanos, sino por abrir el corazón a Dios con confianza y fe.

Abrahán creyó incluso en medio de la incertidumbre, y esa fe lo convirtió en modelo para todos los creyentes. También nosotros estamos llamados a confiar en Dios aun cuando no comprendemos plenamente sus caminos.

La fe nos une a Cristo y nos permite experimentar la fuerza de su Reino en nuestra vida cotidiana.

Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a abrir completamente nuestro corazón a su presencia. No tengamos miedo de dejar que Cristo reine en nuestra vida, porque donde Él entra, el mal pierde fuerza y nace la verdadera paz.

Pidamos la gracia de vivir llenos de Dios, fortalecidos por la fe y comprometidos con el bien.

Que el Reino de Cristo crezca en nuestro corazón y transforme también nuestro mundo.

Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM