Mt 11, 25-30 “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.”

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN

Hoy la Iglesia celebra con alegría la fiesta de Santa Teresa de Jesús, una gran santa española, mujer de oración, de humildad y de profundo amor a Cristo. El Evangelio que hemos escuchado nos presenta unas palabras llenas de ternura y esperanza: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.” Qué actual es este Evangelio para nuestro tiempo. Vivimos muchas veces cansados por las preocupaciones, por los problemas familiares, por las heridas interiores, por el estrés y por tantas situaciones que pesan en el corazón. Y precisamente hoy Jesús nos invita a acercarnos a Él para encontrar descanso verdadero.

Santa Teresa descubrió en su vida que solo Cristo puede dar paz al alma humana. Ella pasó enfermedades, incomprensiones y momentos difíciles, pero aprendió que cuando una persona pone a Dios en el centro de su vida, el corazón encuentra serenidad. Por eso repetía aquella frase tan conocida: “Solo Dios basta.” Muchas veces buscamos descanso en las cosas del mundo, pero el corazón humano solamente descansa plenamente en Dios. Como decía San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.”

Además, Santa Teresa nos enseña la importancia de la oración. Ella definía la oración de una manera muy sencilla y profunda: “Orar es tratar de amistad con quien sabemos que nos ama.” La oración no es solamente repetir palabras; es abrir el corazón a Dios, hablar con Él y dejar que Él nos hable. En medio del ruido y de las prisas de nuestra sociedad, necesitamos silencio interior para escuchar la voz del Señor. Quien reza con sinceridad encuentra fuerza, paz y esperanza para cada día. Como afirmaba San Juan Crisóstomo: “La oración es luz del alma y verdadera sabiduría.”

Finalmente, el Evangelio nos recuerda una actitud fundamental de la vida cristiana: la humildad. Jesús dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.” Santa Teresa comprendió que la santidad no consiste en sentirse perfectos, sino en confiar totalmente en la misericordia de Dios. El orgullo cierra el corazón, mientras que la humildad permite que Dios actúe dentro de nosotros. Una persona humilde sabe escuchar, servir, pedir perdón y amar de verdad. Nuestro mundo necesita más humildad en las familias, en la Iglesia y en la sociedad.

Queridos hermanos, hoy Santa Teresa de Jesús nos invita a buscar en Cristo el verdadero descanso, a vivir una vida de oración y a caminar con humildad. Pidamos al Señor que también nosotros podamos repetir con fe cada día: “Solo Dios basta.” Que Santa Teresa de Jesús interceda por nosotros para que tengamos un corazón orante, humilde y lleno del amor de Dios.

Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM