Lc 13, 31-35 “No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.”

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús caminando con decisión hacia Jerusalén, aun sabiendo que allí le esperan el rechazo, el sufrimiento y la cruz. Algunos fariseos le advierten que Herodes quiere matarlo, pero Jesús no se deja dominar por el miedo. Él continúa firme en su misión porque confía plenamente en el Padre y sabe que su vida tiene sentido en el amor y la entrega.

También nosotros muchas veces vivimos llenos de temores:

  • miedo al futuro,
  • miedo al fracaso,
  • miedo a la enfermedad,
  • miedo al rechazo,
  • incluso miedo a vivir la fe con valentía.

Pero Jesús nos enseña hoy que el cristiano no puede dejarse paralizar por el miedo. Cuando caminamos unidos al Señor, encontramos fuerza para afrontar las dificultades de cada día. Como dice el salmo:

“Bendito el Señor, mi alcázar.”

Dios es nuestra fortaleza y nunca abandona a quienes permanecen fieles a Él.

El Evangelio nos muestra también el amor inmenso de Jesús por Jerusalén. Aunque la ciudad rechaza a los profetas y se resiste a escuchar a Dios, Jesús llora por ella. Esto nos revela un corazón lleno de misericordia. El Señor no responde al rechazo con odio, sino con amor paciente y compasivo. Así actúa también con nosotros. Aunque muchas veces caigamos, nos alejemos o seamos frágiles, Cristo sigue buscándonos y ofreciéndonos su perdón.

Como decía San Juan Pablo II:

“No tengáis miedo de abrir las puertas a Cristo.”

Cuando dejamos entrar a Jesús en nuestra vida, Él sana nuestras heridas y transforma nuestro corazón.

La primera lectura nos habla de la armadura de Dios. San Pablo recuerda que la vida cristiana es una lucha espiritual. El mal, el egoísmo y las tentaciones existen, pero el Señor nos da las armas necesarias para permanecer firmes:

  • la fe,
  • la oración,
  • la Palabra de Dios,
  • los sacramentos,
  • y la confianza en su gracia.

Cristo combate a nuestro lado y nos da la victoria.

Hoy el mundo necesita cristianos valientes, que no escondan su fe y que permanezcan firmes en medio de las pruebas. No podemos vivir una fe débil o superficial. El Señor nos llama a perseverar, a confiar y a anunciar el Evangelio con alegría y esperanza.

Queridos hermanos, hoy Jesús nos invita a caminar con valentía y fidelidad. Que no nos domine el miedo, sino la confianza en Dios. Abramos nuestro corazón al amor misericordioso de Cristo y revistámonos de la armadura espiritual para seguir adelante en el camino de la fe.

Pidamos al Señor un corazón fuerte, humilde y perseverante, capaz de amar incluso en medio de las dificultades.

Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM