Lc 14, 1-6 “¿A quién se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca en día de sábado?”

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús curando a un hombre enfermo en día de sábado. Los fariseos observaban al Señor para criticarlo, preocupados más por el cumplimiento externo de la ley que por el sufrimiento de la persona que tenían delante. Pero Jesús, una vez más, nos enseña que el amor, la misericordia y la dignidad humana están por encima de cualquier norma.

Jesús no permanece indiferente ante el dolor humano. Él ve al hombre enfermo, conoce su sufrimiento y actúa con compasión. El Señor nos muestra que Dios no es un juez frío y distante, sino un Padre cercano que se preocupa por sus hijos y desea levantarlos con su amor. Cuántas veces nosotros también podemos caer en la tentación de juzgar rápidamente o de preocuparnos más por las apariencias que por las personas.

El Evangelio nos invita hoy a mirar a los demás con los ojos de Cristo:

  • con compasión,
  • con paciencia,
  • con misericordia,
  • y con sensibilidad ante el sufrimiento humano.

La verdadera fe no puede separarse de las obras de amor. No basta rezar o cumplir prácticas religiosas si nuestro corazón permanece cerrado al dolor del hermano. Jesús nos recuerda que el auténtico culto a Dios pasa también por el servicio, la ayuda y la cercanía hacia quienes sufren.

Como decía San Vicente de Paúl:

“Debemos amar a Dios con el sudor de nuestras manos y el esfuerzo de nuestros brazos.”

El cristiano está llamado a ayudar, escuchar, acompañar y servir.

La primera lectura nos ofrece también una palabra llena de esperanza. San Pablo dice a los filipenses que Dios llevará adelante la obra buena que comenzó en nosotros. Qué hermoso saber que el Señor nunca abandona nuestra vida. Aunque seamos débiles y tengamos caídas, Dios sigue actuando en nuestro corazón y transformándonos poco a poco con su gracia.

Por eso nunca debemos perder la esperanza. Dios continúa obrando en nosotros:

  • cuando oramos,
  • cuando luchamos por cambiar,
  • cuando volvemos a levantarnos,
  • y cuando intentamos amar más cada día.

El Señor tiene paciencia con nuestra vida y nos acompaña siempre.

Queridos hermanos, hoy Jesús nos invita a vivir una fe llena de misericordia y compasión. Que nunca pongamos las normas por encima del amor ni las apariencias por encima de la persona humana. Aprendamos a mirar a los demás con ternura y cercanía, como Cristo nos mira a nosotros.

Pidamos al Señor un corazón sensible y generoso, capaz de hacer el bien sin esperar nada a cambio. Y que cada día podamos ser instrumentos de la misericordia de Dios en medio del mundo.

Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM