“Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta” (Lc 15, 7)
Hoy el Evangelio nos presenta uno de los rostros más hermosos de Dios: su infinita misericordia. Jesús cuenta la parábola de la oveja perdida y de la moneda perdida para enseñarnos cuánto ama Dios a cada persona.
Los fariseos criticaban a Jesús porque acogía a los pecadores y comía con ellos. Pero Cristo revela que Dios no se cansa de buscar al que está perdido, herido o alejado.
Primera clave: Dios nunca deja de buscarnos.
Jesús habla de un pastor que deja las noventa y nueve ovejas para buscar la que se había perdido.
Esto nos muestra que para Dios cada persona tiene un valor inmenso. Nadie es olvidado por Él.
Muchas veces nosotros nos alejamos:
- por el pecado,
- por el orgullo,
- por el cansancio espiritual,
- o por las heridas de la vida.
Pero Dios sigue buscándonos con paciencia y amor.
San Gregorio Magno decía:
“El pastor cargó sobre sus hombros a la oveja porque Cristo cargó nuestros pecados en la cruz.”
Qué hermoso saber que Dios nunca se cansa de esperarnos.
También hoy muchas personas viven alejadas de la fe, vacías interiormente o sin esperanza. Y el Señor sigue saliendo a buscarlas a través de la Iglesia, de la oración y del testimonio cristiano.
Segunda clave: Convertirse es volver al amor de Dios.
Jesús dice:
“Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.”
La conversión no es solamente sentir miedo del pecado, sino volver al amor de Dios.
La primera lectura nos muestra el testimonio de San Pablo:
“Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo.”
Cuando Pablo encontró a Cristo, comprendió que nada vale más que Él.
Hoy celebramos también la memoria de Santa Ángela de la Cruz, mujer humilde y sencilla que entregó totalmente su vida a los pobres y abandonados. Ella entendió que seguir a Cristo significa amar y servir con todo el corazón.
La verdadera conversión transforma la vida:
- cambia nuestro modo de pensar,
- nos hace más humildes,
- más misericordiosos,
- y más cercanos a los demás.
San Agustín decía:
“Dios te creó sin ti, pero no te salvará sin ti.”
El Señor respeta nuestra libertad, pero espera nuestro regreso.
Tercera clave: El cristiano debe transmitir alegría y misericordia.
En ambas parábolas aparece una gran alegría cuando se encuentra lo que estaba perdido.
El Evangelio nos recuerda que la fe no es tristeza ni pesimismo. El encuentro con Cristo llena el corazón de alegría verdadera.
Vivimos en un mundo marcado muchas veces por la ansiedad, la soledad y el vacío interior. Por eso los cristianos estamos llamados a ser signos de esperanza y misericordia.
Santa Ángela de la Cruz irradiaba la alegría del Evangelio sirviendo a los más pobres con sencillez y amor silencioso.
El salmo de hoy proclama:
“Que se alegren los que buscan al Señor.”
Quien encuentra a Dios encuentra la verdadera alegría del corazón.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos recuerda que somos profundamente amados y buscados por Él.
Pidamos la gracia de volver siempre al corazón misericordioso de Cristo y de ayudar también a otros a reencontrarse con Dios.
Que Santa Ángela de la Cruz nos enseñe a vivir con humildad, caridad y alegría evangélica.
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM