Lc 12, 35-38 “Bienaventurados los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.”

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN

El Evangelio de hoy nos invita a vivir vigilantes y preparados. Jesús dice a sus discípulos: “Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas.” En tiempos antiguos, esta expresión significaba estar listos para caminar, trabajar y servir. La lámpara encendida simboliza una fe viva, un corazón atento a Dios y una vida abierta a su presencia. El Señor nos recuerda hoy que no podemos vivir dormidos espiritualmente ni dejar que la rutina, el cansancio o las preocupaciones apaguen nuestra fe.

Vivir en vela no significa vivir con miedo, sino vivir con fidelidad y esperanza. El cristiano vigilante es aquel que busca cada día la voluntad de Dios, escucha su Palabra y permanece unido al Señor por medio de la oración y los sacramentos. Jesús viene constantemente a nuestra vida:

  • en la Eucaristía,
  • en la oración,
  • en los pobres,
  • en las personas que sufren,
  • y en cada momento cotidiano.

Por eso debemos mantener encendida la lámpara de la fe.

La primera lectura nos recuerda además que Cristo es nuestra paz. San Pablo dice que Jesús derribó el muro de separación y reconcilió a todos en un solo pueblo. Nuestro mundo necesita urgentemente paz, reconciliación y unidad. Muchas veces el egoísmo, el orgullo y las divisiones destruyen las relaciones humanas. Pero cuando Cristo entra en el corazón nace la comunión y la fraternidad. El cristiano está llamado a ser instrumento de paz:

  • en la familia,
  • en la comunidad,
  • en la Iglesia,
  • y en la sociedad.

Solo Cristo puede unir los corazones y sanar las heridas humanas.

El Evangelio termina con una frase muy hermosa y sorprendente. Jesús dice que el Señor mismo servirá a sus siervos fieles. Qué grande es el amor de Dios. El Señor no abandona a quienes permanecen fieles. Él recompensa la perseverancia, la confianza y el amor humilde de sus hijos.

Como decía San Agustín:

“Teme el Señor pasar y no darte cuenta.”

Por eso debemos vivir atentos a la presencia de Dios en nuestra vida diaria.

Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a mantener encendida la lámpara de la fe, a vivir en paz con los demás y a permanecer vigilantes en el amor y el servicio. Que no nos encuentre distraídos por las cosas pasajeras del mundo, sino preparados con un corazón lleno de fe, esperanza y caridad.

Pidamos al Señor la gracia de vivir siempre unidos a Él, para que cuando venga podamos escuchar aquellas palabras llenas de alegría:

“Bienaventurados los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.”

Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM