
Lc 12, 8-12 “El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir.”
Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN
El Evangelio de hoy nos invita a vivir nuestra fe con valentía y confianza. Jesús dice a sus discípulos: “A quien se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él.” Estas palabras nos recuerdan que el cristiano está llamado a dar testimonio de Cristo con su vida, con sus palabras y con sus obras. La fe no puede quedarse escondida solamente dentro del corazón; debe reflejarse en nuestra manera de vivir, de amar, de servir y de anunciar el Evangelio.
Muchas veces tenemos miedo de manifestar nuestra fe por temor al rechazo, a la crítica o a las dificultades. Pero Jesús hoy nos dice: “No tengáis miedo.” El Señor conoce nuestras fragilidades y por eso promete la ayuda del Espíritu Santo. Él no nos deja solos en los momentos difíciles. Cuando llegan las pruebas, las dudas o las persecuciones, el Espíritu Santo ilumina nuestra mente, fortalece nuestro corazón y nos guía por el camino de la verdad. La evangelización no depende solamente de nuestras capacidades humanas, sino de la fuerza de Dios que actúa en nosotros.
Hoy celebramos también la memoria de San Ignacio de Antioquía, uno de los grandes mártires de los primeros siglos de la Iglesia. Discípulo de san Juan, amó profundamente a Cristo y a la Iglesia. En medio de la persecución, no negó su fe, sino que entregó su vida con valentía por el Señor. Sus palabras y su ejemplo siguen recordándonos que Cristo merece toda nuestra confianza y amor. San Ignacio comprendió que la verdadera fuerza del cristiano nace de la unión con Cristo y de la fidelidad a la Iglesia.
La primera lectura nos recuerda además que Cristo ha sido constituido Cabeza de la Iglesia. La Iglesia no es solamente una organización humana; es el Cuerpo vivo de Cristo. Todos nosotros formamos parte de ella y estamos llamados a construir comunidades de fe, fraternidad y esperanza. En un mundo dividido y herido por tantas tensiones, los cristianos debemos ser signo de unidad, de comunión y de caridad.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a confiar plenamente en la fuerza del Espíritu Santo. No tengamos miedo de vivir nuestra fe, de defender la verdad del Evangelio y de ser discípulos de Cristo en medio del mundo. Cuando confiamos en Dios, Él mismo habla y actúa a través de nosotros. Que el Espíritu Santo nos conceda un corazón fuerte, fiel y lleno de amor a Cristo y a su Iglesia. Y que San Ignacio de Antioquía interceda por nosotros para que permanezcamos firmes en la fe hasta el final.
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM