Lc 12, 13-21 “¿De quién será lo que has preparado?”

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN

El Evangelio de hoy nos presenta la parábola del hombre rico que acumulaba bienes pensando solamente en esta vida. Después de una gran cosecha, aquel hombre decidió construir graneros más grandes para guardar todas sus riquezas y vivir tranquilamente. Pero Dios le dice: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma. ¿De quién será lo que has preparado?” Con esta parábola, Jesús quiere enseñarnos que la vida no depende de las riquezas ni de las cosas materiales, porque todo en este mundo es pasajero.

El problema no está en tener bienes o trabajar honestamente. El verdadero peligro aparece cuando el dinero, las posesiones y las preocupaciones materiales ocupan el centro del corazón. Muchas veces el ser humano busca seguridad en lo que tiene, olvidando que la verdadera seguridad está en Dios. Las riquezas materiales pasan, pero el amor, la fe y las obras de caridad permanecen para siempre. Como decía San Pedro de Alcántara: “¡Solo Dios basta!” Él vivió con sencillez y pobreza evangélica, recordándonos que Dios debe ser nuestro verdadero tesoro.

Jesús nos invita hoy a ser ricos ante Dios. ¿Qué significa esto? Significa vivir con un corazón generoso, saber compartir, ayudar al necesitado y poner nuestra confianza en el Señor. La verdadera riqueza no se mide por lo que acumulamos, sino por el amor que damos. Lo que hacemos con caridad permanece eternamente delante de Dios. Hoy recordamos también a los santos mártires San Juan de Brébeuf, San Isaac Jogues y sus compañeros, que entregaron su vida por anunciar el Evangelio. Ellos comprendieron que Cristo vale más que cualquier riqueza del mundo.

La primera lectura nos recuerda además que hemos sido salvados por gracia. Todo lo que somos y tenemos viene de Dios. No nos salvamos por nuestros méritos, sino por el amor misericordioso del Señor. Por eso debemos vivir con gratitud, humildad y confianza. San Pablo de la Cruz enseñaba que la cruz de Cristo es nuestro verdadero tesoro, porque en ella descubrimos el amor inmenso de Dios por la humanidad.

Queridos hermanos, el Evangelio de hoy nos invita a preguntarnos: ¿Dónde está nuestro tesoro? Porque donde está nuestro tesoro, allí está también nuestro corazón. Pidamos al Señor un corazón libre, sencillo y generoso, que no viva esclavo de las cosas materiales, sino centrado en Dios y en el amor al prójimo. Que aprendamos a vivir cada día buscando las riquezas que no pasan: la fe, la oración, la caridad y la esperanza.

Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM