Lc 13, 1-9 “Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.”

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN

El Evangelio de hoy nos presenta una llamada muy seria y al mismo tiempo llena de esperanza. Jesús dice claramente: “Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.” Con estas palabras, el Señor no quiere asustarnos, sino despertarnos espiritualmente. Muchas veces vivimos distraídos, ocupados en tantas cosas, y olvidamos lo más importante: nuestra relación con Dios y la conversión del corazón.

Jesús rechaza la idea de que las desgracias ocurren porque algunas personas son peores que otras. El Señor nos enseña que todos necesitamos conversión. Nadie puede decir: “Yo ya no necesito cambiar.” Cada día estamos llamados a acercarnos más a Dios, a corregir nuestras actitudes y a vivir según el Evangelio. La conversión significa cambiar el corazón:

  • aprender a amar más,
  • perdonar,
  • ser humildes,
  • abandonar el egoísmo,
  • y poner a Dios en el centro de nuestra vida.

El Evangelio continúa con la parábola de la higuera estéril. El dueño busca frutos y no los encuentra. Entonces el viñador pide paciencia y una nueva oportunidad para cuidarla y abonarla. Esta imagen es muy hermosa porque nos muestra la misericordia de Dios. El Señor es paciente con nosotros y siempre nos ofrece tiempo para cambiar y dar fruto. Dios nunca se cansa de esperar nuestra conversión.

Pero también el Evangelio nos recuerda que la vida cristiana no puede quedarse solamente en palabras. No basta llamarnos cristianos; estamos llamados a dar frutos concretos:

  • frutos de fe,
  • frutos de oración,
  • frutos de caridad,
  • frutos de justicia,
  • y frutos de amor al prójimo.

Cada día es una oportunidad que Dios nos concede para crecer en santidad.

La primera lectura nos recuerda además que Cristo es la Cabeza de la Iglesia y que todos formamos un solo cuerpo unidos a Él. La vida cristiana no se vive aislada. Necesitamos caminar unidos:

  • en la oración,
  • en la comunidad,
  • en los sacramentos,
  • y en el amor fraterno.

Cuando permanecemos unidos a Cristo, nuestra vida da fruto abundante.

Hoy la Iglesia recuerda también la memoria de San Antonio María Claret, gran anunciador de la Palabra de Dios, y la memoria de Santa María en sábado. San Antonio María Claret dedicó su vida a la evangelización y enseñó que la caridad es el alma de la misión. María Santísima, por su parte, nos acompaña siempre en el camino de la conversión y nos ayuda a abrir el corazón a la voluntad de Dios.

Como decía San Agustín:

“Dios promete el perdón a quien se convierte, pero no promete el mañana.”

Por eso el Evangelio nos invita a no retrasar nuestra conversión.

Queridos hermanos, hoy el Señor nos llama a despertar, a cambiar y a dar fruto. No dejemos pasar el tiempo de la gracia. Aprovechemos cada día para amar más, orar mejor y vivir con un corazón humilde y generoso. Que Cristo nos ayude a permanecer unidos a Él para que nuestra vida sea fecunda y llena de esperanza.

Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM