
Lc 12, 39-48 “Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará.”
Queridos hermanos y hermanas en el Señor: PAZ Y BIEN
El Evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos delante de Dios. Jesús dice: “Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará.” Estas palabras nos recuerdan que todo lo que somos y tenemos es un regalo del Señor. La vida, la fe, la familia, la salud, el trabajo, los talentos y las oportunidades que recibimos no son únicamente para nosotros mismos, sino para ponerlos al servicio de los demás y para construir el Reino de Dios.
Muchas veces pensamos que somos dueños absolutos de nuestra vida y de nuestras cosas, pero el Evangelio nos enseña que somos administradores de los dones de Dios. El Señor espera de nosotros frutos de amor, de servicio y de fidelidad. No basta solamente con recibir; también debemos compartir y hacer fructificar lo que Dios nos ha confiado. Como decía San Agustín:
“Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti.”
Es decir, Dios nos regala su gracia, pero espera nuestra colaboración responsable y generosa.
Jesús también nos invita a vivir vigilantes y fieles. El cristiano no puede vivir distraído espiritualmente ni dejarse dominar por la comodidad o la indiferencia. Cada día es una oportunidad para amar, servir, perdonar y hacer el bien. La vigilancia cristiana no es vivir con miedo, sino permanecer fieles y disponibles para Dios en lo cotidiano:
- en la oración,
- en el trabajo,
- en la familia,
- en el servicio a los pobres,
- y en el amor concreto hacia los demás.
El Señor vendrá y nos preguntará qué hemos hecho con los dones que recibimos.
La primera lectura nos recuerda además que el Evangelio es un don para todos los pueblos. San Pablo explica que el misterio de Cristo ha sido revelado también a los gentiles, porque el amor de Dios no tiene fronteras. Cristo vino para salvar a toda la humanidad. Por eso la Iglesia tiene la misión de anunciar el Evangelio a todos, llevando esperanza, paz y luz al mundo. Cuanto más conocemos a Cristo, mayor es nuestra responsabilidad de vivir según su Palabra y de transmitirla a los demás con nuestro testimonio.
Nuestro mundo necesita cristianos responsables, generosos y comprometidos. Personas que utilicen sus talentos no para el egoísmo, sino para servir. Personas que construyan unidad, esperanza y fraternidad. Dios no nos pedirá cuánto dinero tuvimos o cuánto poder alcanzamos, sino cuánto amamos, cuánto servimos y cuánto hicimos por los demás.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a vivir con gratitud y responsabilidad. Todo lo que tenemos viene de Dios y debe ayudarnos a crecer en santidad y amor. Pidamos un corazón vigilante, humilde y generoso, capaz de utilizar bien los dones recibidos para gloria de Dios y bien de los hermanos.
Que cada día podamos vivir recordando estas palabras del Evangelio:
“Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará.”
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM