Los santos Angeles Custodios son espíritus puros creados y enviados por Dios al lado de cada uno de nosotros para nuestra guía y protección por el camino que Dios nos señala. La función para la cual existen y de la cual reciben el nombre (mensajero, en griego “anggelos”) los acerca mucho a nosotros.
El “mensajero de Dios” -también el profeta y el evangelizador- tiene como misión llevar la Palabra a quién Dios ha tomado por interlocutor. Para cumplir esta misión, el mensajero ha de procurar la realización de esta otra: allanar los caminos de la escucha.
La voz del tentador trata de poner más y más obstáculos para que no escuchemos, comprendamos y acojamos la divina Palabra que hace mejor nuestra vida. La voz de los mensajeros de Dios trata de mostrarnos, cómo evitar esos obstáculos para que podamos tener una vida en creciente plenitud unidos en comunión a Quien es la Palabra de Vida.
Los Ángeles, como mensajeros de Dios, orientan nuestra conciencia para que reconozcamos cómo podemos comulgar, comulgarle, para vivir en comunión con Él por la escucha obediente de las palabras que Él nos dejó para iluminar nuestra vida diaria.
Deseando entrar en comunión con Cristo al acoger su Palabra y aprender a vivir según ella es como mejor nos disponemos para comulgar a Cristo en la Eucaristía. “Palabra y Pan” son los medios para entrar en comunión con Quien en ambos se nos da: “al Pan por la escucha obediente a la Palabra”.
Francisco de Asís veía y sabía que sin obedecer a la Palabra de Dios no se reconoce a Jesucristo como Señor y tampoco se puede alcanzar a gozar de una relación de intenso amor con el único que se nos ha dado bajo el cielo que puede salvarnos. Bien lo sabía Francisco de Asís y, por ello, respondía siempre a la Palabra de Dios que escuchaba con la obediencia inmediata.