
Queridos hermanos y hermanas en el Señor: La Palabra de Dios de este domingo nos invita a reflexionar sobre lo que significa seguir verdaderamente a Cristo.
Jesús hoy pronuncia palabras fuertes: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí.” “El que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.” Estas palabras no significan rechazar a la familia o dejar de amar a los nuestros. Jesús nos enseña que Dios debe ocupar el primer lugar en nuestra vida. Solo cuando Dios está en el centro aprendemos a amar de verdad.
Primera clave: El amor cristiano nace de poner a Dios en el centro.
Jesús no destruye el amor humano. Al contrario, lo purifica y lo eleva.
Muchas veces amamos:
* de manera posesiva,
* egoísta,
* interesada,
* o limitada.
Pero Cristo nos invita a amar con el corazón de Dios.
Cuando Dios ocupa el primer lugar:
* la familia se fortalece,
* las relaciones se sanan,
* el amor se vuelve más auténtico,
* y aprendemos a servir más que a dominar.
La primera lectura nos muestra a la mujer de Sunán acogiendo al profeta Eliseo con generosidad y sencillez. Su hogar se convierte en un lugar abierto a Dios.
También nuestras familias están llamadas a ser:
* lugares de acogida,
* de oración,
* de caridad,
* y de presencia de Dios.
San Agustín decía: “Amad a Dios y entonces amaréis correctamente todo lo demás.”
Segunda clave: Seguir a Cristo implica cargar con la cruz.
Jesús no engaña a sus discípulos. El camino del Evangelio no siempre es fácil.
La cruz aparece de muchas maneras:
* sufrimientos,
* enfermedades,
* dificultades familiares,
* incomprensiones,
* sacrificios,
* y renuncias diarias.
Pero la cruz vivida con Cristo nunca es inútil. El problema no es tener cruz. El problema es llevarla sin Dios.
San Pablo nos recuerda hoy que por el bautismo hemos sido unidos a Cristo:
* en su muerte,
* y también en su resurrección.
Por eso el cristiano no vive desde la desesperación, sino desde la esperanza.
San Juan Pablo II decía: “La cruz no es el final del camino; es el paso hacia la vida nueva.” La cruz unida al amor se convierte en camino de salvación.
Tercera clave: Cada gesto de acogida y caridad hace presente el Reino de Dios.
Jesús termina el Evangelio diciendo: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí.” Qué hermoso mensaje.
Cristo se hace presente:
* en el pobre,
* en el necesitado,
* en el enfermo,
* en quien necesita escucha,
* y en quien busca consuelo.
Cada pequeño gesto hecho con amor tiene un valor inmenso ante Dios.
Vivimos en una sociedad donde muchas veces:
* crece el individualismo,
* la indiferencia,
* el egoísmo,
* y el rechazo hacia los demás.
Pero el cristiano está llamado a construir una cultura de acogida y misericordia.
San Francisco de Asís decía: “Es dando como recibimos.” El Reino de Dios crece en cada gesto sencillo de amor verdadero.
Conclusión
Queridos hermanos: Hoy Jesús nos invita a:
* poner a Dios en el centro de nuestra vida,
* cargar la cruz con fe y esperanza,
* y vivir una caridad concreta y acogedora.
Pidamos al Señor la gracia de:
* seguirlo con fidelidad,
* amar como Él ama,
* vivir nuestro bautismo con coherencia,
* y hacer presente el Reino de Dios con nuestras obras.
Que María Santísima nos enseñe a permanecer siempre unidos a Cristo incluso al pie de la cruz. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM