Hasta en sus últimos momentos sobre el frío suelo como lecho de muerte, Francisco de Asís quiso recibir a su Señor en la escucha y recitación de Su Palabra. En los inicios de su nueva vida, una lectura del Evangelio hizo eclosionar el proceso de conversión de Francisco de Asís y conformó mucho de su identidad: el evangelio de la misión, según San Lucas, que se proclama en la eucaristía hoy.
[Lucas] “¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa».”
[Lucas] “¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa».”
[Nehemias] “Esdras trajo el libro a la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían comprender. Leyó el libro en la plaza desde el amanecer hasta el mediodía, y todo el pueblo estaba atento al libro de la ley. Esdras abrió el libro a vista del pueblo, pues los dominaba a todos, y cuando lo abrió, el pueblo entero se puso en pie. Mientras los levitas explicaban al pueblo la ley, el pueblo permanecía en sus puestos.”
Los católicos estamos hoy tan acostumbrados a la Palabra de Dios que no encontramos en esa “especie eucaristica” al Autor que en ella se nos hace don, luz y fuerza para vivir según la belleza renovadora del Evangelio. Hemos dejado mudo al Pan santo de la Eucaristía reduciendo la comunión eucarística a un acto de devoción en lugar del acto de fe más encoraginado y comprometido para vivir a imagen y semejanza de la Vida de Aquél que es la Palabra del Padre.
Comulguemos a Jesucristo por la escucha obediente de Su Palabra para comulgarle dignamente en el sacramento que se consagra con Su Palabra. Al Pan por la Palabra; sin falsos atajos.