[Lucas] “María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»
Una antiquísima tradición identifica a Maria de Betania, protagonista del episodio de la unción de Jesús con perfume de Nardo, con la mujer “pecadora publica” que le unge con su llanto en casa de Simón, el fariseo, tras haber sido salvada por Jesús de ser lapidada; el episodio conmovedor de la mujer adúltera. Esta mujer de nombre María (¿Magdalena?) conoce el Amor en la mirada de Jesús y se sabe redimida por Su sola misericordia. Tras ese “nuevo nacimiento” del agua de su llanto y del Espiritu de Jesús se convierte en agradecida y enamorada discípula que se bebe cada Palabra de Vida que sale de la boca de su Señor porque en esas palabras encuentra espíritu y vida nueva, libertad y redención, un “carpetazo” a su pasado y la posibilidad de un futuro luminoso.
[Salmo] “Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto.
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa y él redimirá a Israel de todos sus delitos.”
La esperanzadora gratuidad de Dios no espera a que “seamos buenos” para amarnos; El nos acepta como somos porque nos ama pero, precisamente porque nos ama, nos quiere mejores, más santos y más felices por la fuerza renovadora de Su misericordia. Dejémonos seducir por la belleza del Evangelio de Jesucristo y por la dulzura de la misericordia de Su Padre. Él quiere canjear nuestro pasado a cambio de nuestro presente y de nuestro futuro. Entreguemos lo que ya pasó para que nos pueda pasar lo que le pasó a María de Betania.