El fenómeno del ateísmo era una excepción a lo largo de toda la historia de la humanidad hasta que, tras la revolución industrial del s. XIX, comenzó a germinar y abrirse paso “entre dos fuegos”: el ultra liberalismo económico en el inicio de su galopar y la reacción contraria extrema, el comunismo marxista. Ambas formas de materialismo produjeron los atentados de lesa humanidad más dolorosos de la historia: dos guerras mundiales, los campos de exterminio, los gulags, las bombas atómicas, los estuarios de guerra…

En el contexto previo a tanta vergüenza, filosofías como la de Hegel, Nietzsche o los posteriores existencialistas dieron “cuerpo doctrinal” a la llamada “muerte de Dios” en medio de cientos de miles de muertos humanos. Aún así, hoy como ayer y como será también mañana, “el Señor revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad.” [Salmo]

[Lucas] “Y Jesús añadió: Los ninivitas se convirtieron a Dios con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.”

Cuando alguien rechaza a Dios no es a Dios a quién rechaza sino una  deformación del rostro sin aristas de la divinidad que los creyentes, a menudo,  presentamos con una vida de fe tibia y sin compromiso en favor del ser humano y una palabra revestida de dureza e intransigencia.

En el mes declarado por el papa Francisco como el “mes misionero” recordemos que “por Cristo hemos recibido este don y esta misión (la evangelización)” [Romanos]

Revisemos y reformemos nuestra vida de fe, nuestra forma de trabajar y de compartir el fruto de nuestro trabajo así como de respetar siempre y siempre promover el respeto a los derechos de todos, particularmente los de los más pequeños.  De paso, revisemos nuestros “indices” tanto de fe recta como de sabiduría al compartirla y de tolerancia para acoger las diferentes respuestas que recibamos.