En muchos lugares del Evangelio Jesús alerta a los miembros del Pueblo de Dios sobre la insuficiencia de los ritos que procuran esa pertenencia para alcanzar la comunión con Dios en esta vida y la difinitiva y plena tras morir.  En  esas ocasiones, Jesús alerta a los israelitas más cumplidores alertándonos también a nosotros, miembros de Su Pueblo, el nuevo Israel, la Iglesia.

[Lucas] “Dijo el Señor: –¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!
¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor y las reverencias! ¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables.

Cultualismo no es culto.  El altar y el templo donde los cristianos hemos de dar a Dios el culto en espíritu y verdad que Él espera recibir de nosotros es nuestro cuerpo y es nuestra vida ordinaria.  Los actos de culto y las celebraciones que disfrutamos dentro de la Liturgia en las iglesias son una gracia que nos capacita para hacer extraordinaria nuestra vida ordinaria a través de un trato justo, solidario y fraterno con nuestros semejantes. “Al  Atardecer de la vida se nos examinará en el amor” y “obras son amores y no buenas razones.”

[Romanos] “Dios pagará a cada uno según sus obras, primero al judío, pero también al griego.”

El cristianismo es la Vida de  nuestro Señor Jesucristo en nosotros y eso se realiza a través de los Sacramentos y de la Liturgia toda para que pueda ser una realidad en nuestro modo de vivir con nuestros prójimos.