De los cuatro evangelistas, no fueron apóstoles Marcos y Lucas por lo que ellos no conocieron personalmente a Jesús. San Marcos escribió su evangelio desde el testimonio y el relato de San Pedro, haciendo San Lucas lo propio desde San Pablo.
Cada evangelista tiene una clave de interpretación de su relato evangélico. En el caso de San Lucas, su clave de interpretación y el núcleo fundamental de su evangelio es la misericordia.
San Lucas era discípulo de San Pablo y el escenario en el que ambos desarrollaron su ministerio evangelizador presentaba una fuerte injusticia social y un profundo abandono de los pobres y desfavorecidos.
La pasión con que San Pablo llamaba a las comunidades cristianas a la justicia para con los pobres tanto como a la rectitud de la fe se percibe en el Evangelio según san Lucas en el fuego de las palabras de Jesús cuando defiende los derechos de todos aquellos que los veían permanentemente atropellados por casi todos. Lucas era médico y empatizaba fácilmente con la lucha de Jesús contra el sufrimiento de las víctimas.
San Pablo en sus cartas y San Lucas en el tercer evangelio llaman tanto a la pureza de la fe en Jesucristo como a la coherencia de una vida en la que no puede tener lugar ningún signo de injusticia. El pecado no combatido y expiado genera los efectos contrarios a la justicia del Reino de Dios y a la fraternidad universal instaurada por Jesucristo, con la revelación de Dios como Padre de todos y la filiación divina, qué el Unigénito nos ganó con su vida y su sacrificio redentor, como nuevo vinculo con nuestros prójimos.
San Lucas pone en el centro del tercer evangelio lo que no deja de ser absolutamente manifiesto en los otros tres: en su Hijo Jesucristo Dios revela y manifiesta como, siendo Amor subsistente y total en Sí mismo, en su relación con el ser humano se transforma en misericordia concreta y aplicada según cada persona necesite y más cuanto mayor sea su necesidad.
Los fariseos y los paganos necesitaban que alguien les llevara hasta la Verdad; el común de los judíos precisaba acceder a la plenitud de la Revelación que ya conocían; las mujeres y los niños necesitaban ser reconocidos como seres humanos con la misma dignidad que los varones adultos; los pobres y marginados anhelaban tener un defensor y un garante que recordara a los demás que no por padecer las consecuencias de la injusticia podían ser apartados de la comunidad; todos los pecadores necesitaban y necesitamos conocer la tragedia y la bajeza de una vida instalada en lo más prosaico. A cada persona de estos colectivos el rostro humano de la misericordia divina del Padre, Jesucristo, los trataba según su necesidad.
Al celebrar al santo Lucas hagamos no una simple memoria psicológica para refrescar el recuerdo sino una memoria vital que nos lleve a tomar para nuestra vida algo de lo que hizo extraordinaria la suya.