[Romanos] “Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte. ¡Cuanto más ahora vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la salvación por Jesucristo!

En los Santos Padres se encuentra a menudo  la afirmación de que Jesús, nuevo Adán, y Maria, nueva Eva, recircularon con su obediencia al Padre el camino de perdición iniciado con la desobediencia del primer Adán y la primera Eva.

La vida, la entrega y la obediencia del Hijo de Dios y de Su Madre bendita deshicieron el intrincado nudo de pecado y de injusticia que se tejió desde el primer pecado de los primeros seres humanos. Así fue como Dios abrió un sendero de esperanza hacia un mundo nuevo en el que habite la justicia y las personas opten por la reconciliación y la fraternidad en lugar de por la ideología y el conflicto. Quien dice creer en Dios ha de renovar esa opción cada día, a cada paso, porque la fe supone decir: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” [Salmo].

Esto es lo que nos toca vivir, este es “el puesto de trabajo” de los cristianos: neutralizar el mal a fuerza de bien, luchar contra las maldiciones con bendiciones, neutralizar la injusticia con una vida justa y leal, dar la espalda a todo lo que genere conflicto o enfrentamiento para no hacerlo jamás con ningún semejante, poner luz y diálogo donde la sinrazón genere la tiniebla de la violencia. Todo esto no es para cristianos “de champion’s league” sino para todo aquél que conozca a Jesucristo y pretenda contarse entre los que llevan Su nombre porque le siguen y le imitan.

[Lucas] “Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela (haciendo fielmente su cometido).”