Releer hoy las lecturas, despacio, es la mejor homilía que se puede recibir. Si le tuviéramos que poner un título a la Liturgia de la Palabra de este domingo bien podría ser “Omnipotencia divina, la ecología de Dios”.

[Sabiduria] “Te compadeces de todos, porque todo lo puedes. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho. A todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen; a los que pecan les recuerdas su pecado, para que se conviertan y crean en ti, Señor.”

[Salmo] “El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.”

Si, según la teología bíblica, todos los seres creados conservan la huella del tacto creador, si cada criatura encuentra su sentido y dignidad en ser un medio para la vida reconciliada y feliz de la entera humanidad entonces es que la cumbre de la Creacion es el ser humano cuando se sirve del resto de las criaturas desde el respeto a cada una y la gratitud hacia el Creador. Ese ser humano venera a su Dios por cómo se relaciona con la naturaleza y se sirve de ella, reconociendo tanto el destino universal de todos los bienes como la dignidad de los pobres que vulnera y atropella el pecado de quienes no lo somos. Aunque pueda parecerlo, el Antiguo Testamento no nos está describiendo a Francisco de Asis.

El hombre ecológico busca la conversión integral y la reconciliación con todos los seres desde la comunión con Aquel que lo ama todo porque Él es el Amor y a nadie ama más,  buscándolo con mayor urgencia, que al humano que más se haya alejado de El.

[Lucas] “Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento.
Todos murmuraban: -Ha entrado en casa de un pecador.
Pero Zaqueo dijo al Señor: -Mira, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
Jesús le contestó: -Hoy ha sido la salvación de esta casa. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.”

Si nos subimos a la hoguera de nuestras vanidades y vivimos allí, “en la higuera”, como Zaqueo, Jesús acudirá en nuestro rescate para que dejemos de sacrificar a nuestros hermanos en los altares paganos del materialismo y la avaricia para hacer de nuestras cosas un sacrificio agradable a Dios por nuestro desprendimiento solidario en provecho de los que antes masacrabamos con nuestra indolencia. Al amor a Dios por el amor al prójimo; no hay atajos, y por ese camino se aprende la ecología más humana e integral.