Los declarados mártires son quienes han sido asesinados por pertenecen a Cristo y no querer renegar de Él a ningún precio. Ellos no improvisaron su forma mansa y fiel de morir sino que ésta fue una consecuencia de la fortaleza del amor y de la fe con que vivieron. Por esto son maestros de cristianos,  por su forma de vivir sin considerar a nadie enemigo y tratando de mantener su compromiso de vida evangélica para gloria de Dios y bien de todos a cuantos pudieran ayudar de cualquier modo.

De los cerca de 10.000 cristianos asesinados en la década de los años 30 en España por razón de su fe son más de 1.000 los que han sido ya declarados beatos o están en proceso de serlo. Ellos no mantuvieron hasta el final su forma de vivir y su entereza por la fuerza de su empeño sino por tener a Jesucristo como a su mayor tesoro y su verdadera Vida.

[Romanos] “A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.» Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.”

[Lucas] “El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.”

Igual que en su día estas personas de principios evangélicos  fueron perseguidas y asesinadas por representar con su vida algo que sus asesinos odiaban febrilmente,  hoy siguen siendo perseguidas con la descalificación de su memoria y la deformación torticera de su entrega hasta el sacrificio.

El homenaje que les debemos a estos mártires de Cristo es una memoria auténtica y veraz que no pretenda otra cosa que dejar plenamente en el pasado una brutal barbarie que no se debería repetir jamás. La memoria de los mártires nos debe mover a buscar la reconciliación y la convivencia pacífica desde la aceptación y el respeto de los que piensen de modo distinto al nuestro, aun en el caso que ellos no respondan con reciprocidad.  Incluso esto será intolerable para los intolerantes pero somos herederos del vigor de la fe y del amor de estos hermanos mayores en la fe a quienes hoy celebramos. No los olvidemos.