[Lucas] “Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.”

Este administrador es un abusón que, cuando le despiden, se gana el favor de sus víctimas a costa de los bienes de su señor y, como consecuencia, recibe el reconocimiento de éste por su astucia. ¿Quien lo entiende?

Los administradores “de fincas” no tenían salario y prosperaban a base de negociar con el capital que administraban. Sus señores recibían la parte mayor de esos beneficios. El administrador de hoy abusaba de los clientes de su señor imponiendo comisiones astronomicas que perjudicaban a esas personas y degradaban la buena fama del señor. Cuando es despedido, el administrador infiel renuncia a sus comisiones y, en consecuencia, condona parte de la deuda de aquellos a los que antes masacraba con su codicia (“Sientate; donde dice 100 barriles escribe 50.”). La astucia radica en recoger réditos por un acto de justicia tardía como si fuera un acto de generosidad con un capital gestionado como propio cuando era ajeno.

“Ganaos amigos con el dinero injusto para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas” (Lc 16,9). El dinero injusto son los propios bienes cuando tenemos más de lo necesario y “nuestra propiedad privada” no repercute más allá con una solidaridad que el Magisterio Social de la Iglesia denomina “hipoteca social” por razon de las necesidades de los que menos tienen. Nuestro dinero es injusto cuando tenemos un excedente que ofrece seguridad y bienestar solo a nosotros mismos, cuando nuestra propiedad privada es además cerrada a las necesidades de otros. Es ese un capital injusto que perjudica a aquellos que no pueden aspirar a él y al Señor de todos los bienes, a nuestro Señor, cuando infamamos Su nombre diciéndonos cristianos mientras actuamos como otro administrador infiel.

“Ganaos amigos con el dinero injusto para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas” (Lc 16,9).