Los antropólogos culturales sostienen que el paso del homínido superior al primer ser humano (la creación del hombre desde una criatura ya creada, cf. Génesis 2, 7) se identifica cuando las comunidades comenzaron a realizar enterramientos en lugar de abandonar lejos del campamento los cuerpos sin vida de los individuos que morían. En esos enterramientos “se dotaba” al muerto de víveres, objetos y abalorios varios para su viaje a la otra vida, con elementos que daban fe de la conciencia de que “alguien” les esparaba allí.

Cuando los hombres comenzaron a conocer a Dios y llegaron a  comprender que todo lo había creado Él también comprendieron que con ese Dios que les había dado la vida se podía mantener una relación sanadora y consoladora durante los años de la vida y, de alguna manera, también tras la muerte.  Saber que la divinidad se ocupaba de ellos desde antes de nacer y hasta después de morir les dotaba de una identidad y un estilo de vida concretos desde la relación con Él: así nació la religión, como una relación de la que manaba una moral, una forma de entender la vida y de vivirla.

Comprender la vida desde la relación con un Dios que siempre ha estado ahí y se ocupa de ti hace que tu quieras ocuparte también de Él y de las cosas que quiere. Así se comienza a vivir de un modo diferente y se tiene la motivación y una nueva perspectiva para vivirlo todo y afrontarlo todo, incluso la muerte, de forma que nada te separe de Él.

Jesucristo nos enseña que Su Padre del cielo es un Dios de vivos porque nos hace vivir mejor, creciendo en madurez integral y en plenitud,  nos enseña a ser mejores con los demás y a disfrutar de las cosas, ocupándose de preservar nuestra persona cuando ya se termina nuestro tiempo sobre la tierra.

A menudo, los cristianos damos la sensación de estar poco vivos por nuestras actitudes, por nuestra forma de optar, en nuestras celebraciones religiosas… y eso es algo que podemos cambiar a través de mimar y primar nuestra relación con el Señor y el conocimiento experiencial de Quién y Cómo es Él desde una oracion que beba y se centre en la Palabra manifestándose en una vida diaria diferente y renovada.

Al Pan por la Palabra, pues en ambos se nos da Jesucristo como Luz y Fuerza para que tengamos Vida, una vida de creciente plenitud.