[Sabiduria] “Dios creó al hombre incorruptible, le hizo imagen de su misma naturaleza. Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen. En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios.”

Tras ser creados por Dios, el varón y la mujer gozaban del estado de gracia original, como lo llaman los Santos Padres. Armonía en la igualdad entre ambos y armonía con los otros seres según el orden de la Creacion, todo procedente de la profunda y amigable armonía con el Creador. Esta armonía fue rota desde el primer pecado entrando en todos el conflicto y la amargura, la sed de dominar a otros e incluso la falta de aceptación de uno mismo, todo por haber roto la armonía original  con quién nos había de enseñar a ser tan grandes como el Amor de quién nos creó.

En Jesucristo no solo se restauró la gracia de los orígenes sino que se sobre exaltó. El pecado según la medida del hombre se reparó según la medida de quien lo sanó,  dándosenos en El una cura y una fuerza según Su medida pues esa es la medida de nuestra vocación a la Vida, la estatura del hombre Cristo Jesús en la plenitud de Su camino.

Obedecer, seguir e imitar a Jesús -vivir según el Evangelio- no es para discípulos aventajados que quieran ganarse al Maestro y subir nota; es para vasijas rotas convertidas en cálices y fuentes de fina porcelana que no buscan sino embellecer la vajilla de Su hacedor llevando en sí los manjares de Su banquete hasta la boca de quienes padezcan más gravemente esa falta de armonía que es la madre de todas las injusticias: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lucas). ¿Buscas méritos? Son todos Suyos; búscale a Él.