“JACOBEO: NO ES UNA META, ES UN PRINCIPIO”

En vuestra sociedad está muy de moda andar, viajar, recorrer caminos, hacer senderismo… Y se hace por muchos motivos: salud, cultura etc. Todos manifiestan las ventajas de todas estas actividades, pero hay caminos que tienen un sentido especial, sobre todo, religioso. Son los que se dirigen a santuarios dedicados a la Virgen o algún santo. Mas podemos afirmar que ninguno tiene la importancia y el relieve universal que tiene el llamado “Camino de Santiago”.

Es un Camino de gran tradición histórica que han recorrido millones de peregrinos de todas las culturas y religiones y que siempre estuvo impregnado de un profundo sentido religioso. Un Camino que tiene como meta llegar a Compostela y visitar la Tumba del Apóstol Santiago. Tú te has decidido a recorrer ese Camino de Santiago. Has dejado por unos días tus ocupaciones habituales, tu estudio, tu familia, tus relaciones diarias. Emprendes un camino, en muchos aspectos, desconocido. Quizá has hecho tus preparativos, pero no sabes lo que te podrás encontrar: sol, lluvia, frío, cansancio… Peregrinar es salir, dejar un lugar para dirigirse a otro. Ése es el espíritu del peregrino. Sales de tu casa para dirigirte a Compostela. Y lo haces convencido de que vale la pena y estás dispuesto a todo. ¡Levanta el ánimo y ponte en camino!

Bien. ¡Tras mucho esfuerzo has llegado a Santiago! Supongo que cuando empezaste todo esto lo veías muy lejos y dirías… uy, no sé si lo conseguiré… Pero ahí al fin ¡¡¡ llegaste !!!

Y ahora la pregunta que resuena es: bueno bien, pero… y ahora ¿qué? Ya tengo mi compostelana, mi credencial llena de sellos, vuelvo a casa con muchos recuerdos, una mochila llena de ropa sucia, pero… ¿eso es todo? ¿Ya está? No nos podemos quedar con esto como una experiencia más, como un check list realizado…

Está claro que has hecho el camino de Santiago, pero… ¿ha pasado el camino de Santiago por nosotros? Esta es la pregunta que tenemos que responder al bajar a casa, volver con una actitud diferente. Volver transformados y este camino nos servirá para nuestro día a día (esa capacidad de esfuerzo que has descubierto, esa capacidad de superar los límites, capacidad de escucha, de saber estar con el que camina junto a mí, saber valorar, ser más paciente, constante, saber que aunque estemos destrozados, el camino lo seguimos haciendo bien acompañados, no solo de gente sino también de Dios).

Ahora toca recoger todo eso e intentar plasmarlo en tu proyecto de vida para que nos ayude a descubrir quién eres, lo que eres y qué espera Dios de ti.

En palabras de Paula:

“El camino ha sido el broche de oro del verano, la mejor manera de volver a casa y empezar el curso con las pilas bien cargadas. Ha sido completamente una experiencia de Dios, en la que Le hemos sentido en cada paso, en cada ampolla, en cada kilómetro y cada sonrisa de cansancio que te regalaban los peregrinos. Creo que jamás se me olvidará ir cantando por los campos gallegos y gritando de alegría cada vez que veíamos que nos quedaba un kilómetro menos. No puedo estar más agradecida a Dios y a mis compañeros por regalarme estos días, porque a pesar del cansancio, no hemos dejado de regalarnos a los demás (¿alguien quiere un pan de leche?).”

Ahora peregrino, comienza la gran aventura… el Camino de tu vida donde te vas a ir descubriendo y logrando grandes metas sin limitación que te pueda frenar. Si sientes cómo la fuerza de Dios actúa sobre ti, nada ni nadie te puede parar. Este no es el final, es el COMIENZO de algo nuevo y grande… porque recuerda: ¡¡¡ESTO NO ES LA META, SINO EL PRINCIPIO!!!