Cabalga victorioso por la verdad y la justicia,  el Señor de la Humildad

Al tercer año, nuestro Cristo salió,  bello, hermoseando las calles de Toledo con su mirada suave y su gesto manso, arropado por una multitud que nadie podría contar en la que la emoción de los devotos resonaba en el silencio de la admiración y del respeto religioso. Salió, despacio, mecido el paso por los costaleros que lo bailaban de tal forma que era imposible saber si el paso seguía a la música o era ella quien lo seguía a él,  en una armonía que solo la belleza de Dios expresa.

Nuestro obispo auxiliar, Mons. D. Francisco César, presidía esa comitiva peregrina que era la Iglesia toledana recuperando sus calles para Cristo, reconquistando la expresión de los sentimientos de fervor amante a golpe de tambor, paso a paso, como en una acertada alegoría de esa sinodalidad que estamos desarrollando en la Iglesia de Cristo por la que cada uno ocupa su lugar desde la corresponsabilidad y la correspondencia con los hermanos para corresponder juntos a Aquél que siempre nos preside mientras señala el camino a seguir con las huellas de sus plantas milagrosas.

El pensamiento desde el corazón y la presencia de nuestro Arzobispo, Mons. D. Francisco Cerro, que no quiso dejar de recordarnos su afecto mediante una llamada telefónica desde otro acto semejante; la labor solícita de los frailes franciscanos de San Juan de los Reyes y de tantos parroquianos, abriendo a todos esa casa suya en la que todos estamos en casa y disponiéndolo todo para que lo hecho por todos llegara a buen puerto; el trabajo ingente de los cofrades del Cristo de la Humildad con su entregada Junta Directiva; la presencia implicada de nuestra Sra. Alcaldesa,  Dña. Milagros Tolón Jaime, con su secretario D. Fernando Redondo, amigo de esta casa y fiel cofrade; los representantes de la siempre honorable y benemérita Guardia Civil y miles de toledanos asombramos a los turistas con esta expresión de “toledaneidad”en la que la expresión de la fe de muchos se hace abrazo extendido hacia todos porque en busca de todos ha salido de nuevo a las calles el Señor de la Humildad, nuestro hermoso Cristo, Maestro de concordia y colaboración que nos hace mejores a todos.

Ese fue el rostro de la Iglesia toledana que ayer acunó, siguió y aclamó, tan reverente como entusiasmada, al Cristo de la Humildad.

El año que viene, más. Dios lo quiera.

Un hijo de la Iglesia toledana