La Buena Muerte nos llama a una Buena Vida
Con un paso más en esta semana Santa, Cristo ayer volvió a reconquistar nuestras calles con la procesión de la Cofradía Penitencial del Cristo de la Buena Muerte con su titular al frente y Fray Gregorio Rivera prestándole su voz a la Palabra. Con la simplicidad que manifiestan los hábitos penitenciales de los cofrades, así se desarrolló una procesión de oración con un hondo silencio que sólo se quebraba para escuchar el texto de las estaciones del vía crucis y las plegarias y cantos con que se avanzaba el paso.
Esta procesión no genera entusiasmo ni admiración en quienes la contemplan sino verdadera contrición y examen de conciencia ante la figura de Aquel que, por amor y para rescatarnos de una vida infame y acorralada por límites naturales y morales, se despojó de tanto que finalmente no tenía ni apariencia humana.
La muerte de Cristo no fue cómoda ni “digna”, según los cánones ideológicos de la cultura actual del descarte, pero fue una buena muerte, la mejor y más trascendental de la historia de la humanidad, porque coronaba con coherencia y libertad la mejor de las vidas, entregada por amor hasta derramarse, exánime, hasta la total exanguinación y deshidratación. Ese es el mensaje más evidente y el desafío que nos lanza nuestro Cristo de la Buena Muerte: un final plenificante y bueno se alcanza sólo cuando las páginas anteriores del libro de la propia vida se han escrito con el sudor esforzado y la sangre gastada en el amor a Dios y al prójimo.
Divino Buen Samaritano, que tu muerte buena engendre en nosotros el deseo por heredar tu Pascua con una buena y nueva forma de vivir, a imagen y semejanza de la Tuya.
Un hijo de la Iglesia toledana