Celebremos la gracia de los orígenes para revitalizar nuestra identidad
En 1221 Francisco de Asís escribió una regla de vida para si y para todos sus hermanos que fijaba aquella “regla en camino” que surgió ante el Papa Inicencio III cuando éste aprobó y bendijo a aquel pequeño grupito de andrajosos penitentes que le presentaban “como en una cuartilla” a base de citas del Evangelio a las que se ceñia su forma de vida, siempre sujetos a la autoridad de la Iglesia. El Papa aprobó verbalmente aquella “protoregla” que se puso a caminar, crecer y evolucionar al ritmo de aquel pequeño grupo de ‘penitentes de Asis”, como se hacían llamar entonces los frailes menores, que pasaron de ser 9 a más de 3000 en los seis años que separan aquella aprobación del Papa del primer Capítulo de las Esteras, en 1215.
La pequeña fraternidad de Francisco de Asís seguía extendiéndose por toda Europa a un ritmo inaudito y la pequeña regla en camino siguió caminando a marchas forzadas para responder a las necesidades espirituales y de disciplina de aquel pequeño ejército de paz.
En 1221 el fundador desarrolló aquella pequeña cuartilla del 1209 en un documento mucho más extenso y trabado pero tan marcadamente espiritual que no respondía bien a las cuestiones practicas, concretas, a afrontar a diario en un colectivo tan enorme ya y cuya identidad y mision, auspiciadas por el Papa, no paraban de evolucionar y crecer. Por ello, esa regla de 1221 se elaboró más sistemáticamente, gracias a la ayuda de secretarios y canonistas, con los que Francisco de Asís dio a luz la regla que fue aprobada (fue “bulada”) por el Papa Honorio en 1223 y que seguimos profesando todos los hermanos menores en el mundo a día de hoy.
Este año 2023 hemos estudiado los frailes esa Regla nuestra tan leida y meditada y hemos celebrado su Octavo Centenario, coincidente con el 800 aniversario de la primera representación del pesebre de Belén por manos de San Francisco de Asís, en el pueblecito italiano de Greccio. Esto último es lo que estamos conmemorando más vivamente en esta última parte del año en curso y seguiremos haciendolo más allá del año natural, en 2024, año en el que tambien celebraramos el Octavo Centenario de la impresión de las llagas de la Pasión de Jesucristo en el cuerpo de nuestro santo, allá en la cima del monte Alverna, en el momento de mayor crisis personal de Francisco, en su momento de mayor debilidad, abandono en Dios y purificacion del hombre del segundo milenio, “el hombre infinitamente pequeño”, Francisco.
Para difundir el conocimiento y suscitar la celebración de esta efemerides, en la parroquia de S. Juan de los Reyes hemos colocado carteleria abundante y un pesebre en cada dependencia parroquial y otro en la capilla de S. Antonio del templo parroquial para hacer explícita nuestra celebración ante todos y caminar hacia la Navidad todos los parroquianos venerando el pesebre en cada reunión de cada grupo con el rezo de la oración compuesta por el Papa Francisco para aprender a contemplar el Misterio del Pesebre. El gran belén parroquial de S. Juan de los Reyes este año recibirá una importante inversión para ser aún más grande, significativo y luminoso.
En el mes de diciembre tendrá lugar un concierto de villancicos en nuestro templo así como un concurso de belenes familiares para que cada familia de la Parroquia que lo desee presente el belén de su hogar, una representación del pesebre que, particularmente este año, ha de reunir a la familia para cuidar ese signo de la preparación para la Navidad desde pequeños momentos de oración compartida con los que cada uno aprenda a mirar al Niño Dios contemplandolo con fe y amor.
En 2025 celebraremos el Octavo Centenario de la composición del Cántico de las Criaturas, en 2026 los ochocientos años de la muerte de S. Francisco y en 2028 identico centenario de su canonización. Con todas estas celebraciones queremos recordar de dónde venimos, en quiénes y cómo Dios suscitó ésta, nuestra espiritualidad, y cómo podemos nosotros encarnarla con la mansedumbre y alegría que han distinguido siempre a nuestros mas de mil santos beatificados y canonizados según el ejemplo de Francisco y Clara de Asís, nuestros faros radiantes para el seguimiento de Cristo, al franciscano modo.












