

[Mateo] “En aquel tiempo, atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado.
Les replicó: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes. ¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo.
Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.
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En una sociedad democrática, el valor más alto que defiende el derecho es el respeto a la dignidad humana y a los derechos fundamentales de todas las personas. Esto implica garantizar la igualdad, la libertad, la justicia y la participación ciudadana en condiciones de igualdad. En el ámbito cristiano además, a este enfoque hay que sumar el viejo axioma de “La necesidad no tiene ley”, desde el que, por ejemplo, San Ambrosio de Milán decía “Cuando un pobre roba para comer no está robando sino cogiendo lo que es suyo”, argumento que se refiere al juicio moral, no al penal, si bien siempre la moral y la ética han de mover la reforma y la evolución del Derecho y de las leyes, por mucho que hoy sea el poder de quienes sancionan las leyes quien pretenda fijar la ética y la moral a su imagen y semejanza.
Los valores que vertebran y sostienen cualquier estado de derecho democrático actual están fundamentados en la tradición cristiana. En la democrática antigua Atenas, con su altísima erudición filosofica y su excepcional y tan adelantada organización ciudadana, no se tenía como principio la idea de la igualdad de la democracia actual con la que hemos comenzado esta reflexión. La igualdad se establecía desde el poder de la élite, lo cual marcaba claras e insalvables diferencias porque los derechos de que gozaban los ciudadanos libres en igualdad política, la isonomia, no se extendía a mujeres, esclavos ni extranjeros.
Desde que el mundo es mundo, lo mejor de la evolución de una sociedad siempre se ha corrompido por los intereses de algunos miembros de las clases dirigentes. Esto ocurre hoy en las democracias occidentales, más cuanto más le dan la espalda a la identidad cristiana que abonó el terreno de la historia para el surgimiento de ese sistema social de la democracia moderna.
Hoy, Jesús da una lección atemporal a esos dirigentes corruptos de la sociedad hebrea que lo manipulaban todo con tal de mantener e incluso incrementar su cota de poder y su estatus económico. Jesús inaugura una nueva mirada sobre el ser humano y sobre las estructuras civiles y religiosas que deben salvaguardar lo necesario para que cada miembro de esa sociedad pueda disfrutar de una vida integralmente digna en lo material, en lo intelectual y en lo espiritual, y esa novedad de Cristo, esa novedad cristiana es la moral evangélica que jamás tildara de admisible la anteposicion de cualquier valor ante aquello a lo que cada ser humano, sea cual sea su origen o condición, tiene derecho por su altisima dignidad, empezando por la libertad de conciencia y la educación, un trabajo con el que poder asegurar el propio sustento y el de su familia y un entorno seguro en el que hacer florecet la paz por la justicia y la igualdad.
Empecemos tu y yo a vivir y difundir la moral de la libertad y del bienestar para todos y ya serán dos más los apóstoles de Cristo que continúan Su obra.