ESCÚCHALA AQUÍ


[Exodo] “En aquellos días, Moisés se volvió y bajó del monte con las dos tablas de la alianza en la mano. Las tablas estaban escritas por ambos lados; eran hechura de Dios y la escritura era escritura de Dios.
Al oír Josué el griterío del pueblo dijo a Moisés: Se oyen gritos de guerra en el campamento. Contestó él: «No es grito de victoria, no es grito de derrota, que son cantos lo que oigo.
Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, enfurecido, dijo: Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose dioses de oro.”

[Mateo] “En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.”
———-
Con el lenguaje y las categorías culturales que caracterizan a cada autor sagrado, durante todos estos días las lecturas diarias nos están sugiriendo el camino de la santidad como la búsqueda de lo que agrada a Dios, la capacidad de vivir en el mundo sin ser del mundo, “vivir en el cuerpo” que diría S. Pablo, sin llevar por ello una vida mundana sometida a lo más primario de nuestra naturaleza.

Habida cuenta de la fuerza de las corrientes ideológicas y el dulzarrón oropel del materialismo consumista no es sencillo hoy perseverar en un camino evangélico con una vida en la que nada se busca tanto ni con mayor amor como discernir para cumplir la voluntad de Dios.

Custodiar la Presencia de Dios en nosotros por una vida de gracia en la que la intimidad del amor nos estreche cada vez más contra el pecho del amado es algo muy interior pero que repercute y transforma siempre el foro externo, nuestras obras, nuestro modo de relacionarnos con los demás. En esto consiste la saludable coherencia, en ser una persona de esa conciencia que en tantos casos perece cegada por el brillo de los idolos de oro de hoy y de ayer, deformada por la influencia incesante de postulados y modas que inducen a tomar lo frecuente como normal por mucho que sea vulgar e incluso inmoral.

El Reino de Dios crece en nosotros como una semilla sembrada en esa conciencia, una semilla pequeña y humilde que requiere cuidados pero que crece por su propia virtud mucho más allá de lo que los mejores cuidados podrían augurar, haciendo crecer con ella a quien la ha acogido y la cuida con responsabilidad y gratitud hacia el sembrador.

Hemos de restituir a Dios con gratitud Sus dones y gracias siendo como el grano de trigo que crece y da cosecha, como la humilde y pequeña semilla de mostaza que ofrece si crecimiento para el cobijo y la protección de otros. Hemos de ser fecundos para dar gloria a Dios por esos frutos de vida nueva de los que puedan nutrirse otros. Eso es saber trazar el signo de la cruz por “el amor en vertical” que nos une a quien más nos ama para poder trazar un grueso trazo horizontal que manifieste como vivimos desde el amor a Dios el amor a todos los que Él ama. No hay mandamiento mayor que estos.