

[Lucas] “Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
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El sistema de pensamiento actual y las conciencias de muchos consideran la libertad de un modo tal que la convierten en una quimera esquiva e inalcanzable. Cuando se alza la voz y se cierran los puños para reivindicar libertad se está poniendo de manifiesto que lo que se persigue no es tanto libertad en si como voluntad de poder para mi.
Si se asume que la libertad es la total capacidad de decidir por uno mismo, al margen de todo condicionamiento, límite o condición, esa libertad tiene muy poco que ver con el ser humano y mucho más con los individuos que quieren anteponer la suya a la de los demás.
La busqueda de libertad convertida en excusa y caratula de la pretension de poder embauca a quienes convence embarcandolos en una lucha violenta o en un encendido frenesi, a menudo en ambos, a través de los cuales paliar de algún modo la frustración del sinsentido de pretender convertir en realidad una fatua fábula que no se sostiene desde la segunda frase de su justificación.
Si se tiene la convicccion que ser libre es disfrutar de una capacidad de eleccion y opcion omnimoda y plenipotenciaria, la libertad se convierte en algo irrealizable para cualquier ser humano ubicado y condicionado por el momento y el lugar concreto en los que nacido, en los que ha vivido y en los que ahora vive, amén que vivir en sociedad y en un estado de derecho supone asumir como principio vital que la propia libertad comienza donde termina la de los demás.
Como decia Ortega, nuestra vida está marcada por la vocación la circunstancia y el azar. La “circunstancia” abarca todo lo que no hemos elegido, como el lugar y tiempo de nacimiento, la cultura, la historia, la educación o las relaciones sociales. “Vocación” se refiere a ese proyecto vital que cada individuo lleva dentro, lo que cada uno está llamado a ser y hacer y, finalmente, el “azar” trae a la tramoya de la libertad el elemento de lo impredecible, los acontecimientos fortuitos que pueden alterar el curso de nuestra vida y circunstanciar nuestro libre albedrío de un modo incontrolable.
La vida, el “yo” en ella, es una interacción constante entre el patrimonio genético, cultural y espiritual que nos ha acogido en el ser, nuestra voluntad, la realidad que nos rodea y los eventos inesperados.
No somos seres aislados, sino que estamos inmersos en un mundo que nos afecta y nos moldea, al mismo tiempo que intentamos dar forma a ese mundo según nuestros proyectos y deseos, pero si el deseo de libertad se pergeña desde la ingenuidad de creernos señores y rectores no sólo de nuestra voluntad sino de todo lo que forma parte del “yo”, la libertad pretendida tornará en quebradiza cáscara vacía que rellenar de todo lo que me permita aproximarme a esa irrealidad tan inhumana que es una libertad individual absoluta y tan mítica como un monstruo con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente y que además escupe fuego a su paso, una quimera.
“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. El ser humano debe ocuparse de conocerse y realizarse en su verdad, como principio y fuente de sabiduria y real medida de su libertad, y para esto debe, no sólo conocer, sino además estar despierto, en vela, para asumir su circunstancia y ocuparse de aquello que lo envuelve para transformarlo miéntras realiza esa vocación personal que dará sentido a todo lo que los ingenuos toman como menoscabo de su libertad. Tomemos nuestra vocación en las manos, pongamos el azar en las de Dios y mano a mano los dos hagamos que las circunstancias pasen de ser un peligro a ser una oportunidad.