

Hoy en la la liturgia recordamos a santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, patrona de Europa. Son los patronos de Europa S. Benito (en el occidente mediterraneo), los santos Cirilo y Metodio (monjes de oriente), Santa Benedicta de la Cruz (Edith Stein, carmelita conversa del judaísmo, mártir del nazismo, la mejor discípula del filósofo de la Fenomenologia, Husserl), Santa Catalina de Siena (la dominica que tanto impulsó la resolución del Cisma de Occidente) y Santa Brigida (mística sueca).
Desde Pablo VI, él y los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI engrosaron el número de patronos de Europa mostrando la diversidad del continente en la pluralidad de perfiles de estos seis patronos frente al pensamiento único y la oligarquía económica que se nos imponen hoy.
En nuestro seis patronos se nos recuerda la identidad de nuestro continente y sus orígenes. Desde los monjes patronos de occidente y oriente a la mística, la teologa y la filosofa se nos hace evidente la labor protagonistica de la Iglesia y la inspiración evangélica de Europa desde antes que ésta existiera como tal.
Desde el Circo Massimo y el Coliseo de Roma hasta las masacres de cristianos por los jacobinos en las postrimerias de la Revolución Francesa, bien se puede decir que Europa surgió acunada por este refran: “Sangre de mártires, semilla de cristianos.” Y ¿en qué se basa el martirio? En la muerte de Jesús, en su sacrificio supremo de Amor, consumado en la cruz a fin de que pudiéramos tener vida, una vida nueva en libertad, justicia y fraternidad, una Vida como la Suya. El mártir sigue al Señor viviendo su fe en fidelidad hasta las últimas consecuencias, aceptando libremente morir por esa fe que le une en la vida y en la muerte con el Cordero de Dios en la entrega por la salvación del mundo.
La fuerza para afrontar el martirio mana de la profunda e íntima unión con Cristo, porque el martirio y la vocación al martirio no son el resultado de una decision personal puntual sino la consecuencia de una profunda vida de gracia y respuesta a una iniciativa y a una llamada de Dios a dar la propia vida por amor a Cristo, a la Iglesia y al mundo, por todos los que lo habitan, al reproponer la Verdad y la Libertad con la propia muerte como antes se hizo con la vida.
Probablemente nosotros no estamos llamados al martirio como Sta. Teresa Benedicta, asesonada por los nazis en Auschwitz, pero ninguno de nosotros queda excluido de la llamada divina a la santidad, a vivir en medida alta y creciente la existencia cristiana y esto conlleva tomar sobre sí la cruz que cada día nos impone el materialismo laicista y la violenta intolerancia de la sociedad que penaliza y persigue a quien osa contradecir sus dictados por la denuncia de cualquier atentado contra la vida, identidad o la dignidad del ser humano, de cualquier ser humano, de todo ser humano.
Nutramonos de la Gracia que es Cristo para custodiar en la Verdad la libertad de nuestra conciencia y mostremos a todos en el nuestro el hermoso rostro de Cristo para ser capaces de amar como Él nos ha amado y nos ama a todos y cada uno, también a los que le persiguen a Él cuando nos persiguen a la Iglesia y a cada uno de sus hijos.