

Como encarnando el amor fraterno extremo al que nos llamaba Jesús ayer desde el Sermón de la Montaña, hoy la iglesia nos presenta a un fraile que lo vivió así, hasta el extremo.
Maximiliano Maria Kolbe fue un franciscano conventual, apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada en Europa Central y Japón. Apresado por los nazis en Auswitch, cuando iban a ser ejecutados diez presos por causa de una fuga Maximiliano Maria se cambió por uno de los condenados, para morir en lugar de aquel esposo y padre de familia.
El amor a Cristo y a Su Madre bendita humanizó a Maximiliano hasta el punto de llegar a ser hombre como lo fue el Hijo de Dios: en la entrega de sí hasta la muerte. Seguramente nosotros no tengamos que llegar a una imitacion de Cristo tan extrema ni podremos salvar de la muerte a un semejante pero quiza si estamos llamados a salvar la vida de algunos de los más cercanos.
Hemos escuchado recientemente los evangelios de la correccion fraterna y del mandato de perdonarlo todo a todos y siempre, y es esa correccion fraterna levantada sobre el pilar del perdon el signo y la consecuencia del amor a Dios dirigido hacia el hermano a quien vemos dañarse por una actitud, por un comportamiento, por unas compañias,… Por amor a él hemos de intervenir, por su bien, no porque nos creamos mejores o más inteligentes sino porque esa persona es importante para Dios y para nosotros mismos. Por eso le lanzamos el salvavidas de una correccion hecha desde la oracion, la prudencia y la reflexion.
Nos cuesta tanto aceptar una corrección cuando la relacion previa no es profunda ni autentica, cuando la otra persona no se ha ganado un lugar en nuestro corazón ni tenemos demasiado claro que siempre mire por nuestro bien.
Nos cuesta tanto corregir a otros porque el amor a uno mismo es mayor que el amor a ellos y arriesgarnos al rechazo y a la critica sale demasiado caro. “No nos trae cuenta” corregir a alguien por su bien si nos cuesta algo del nuestro. Si somos capaces de identificar nuestras resistencias a la hora de corregir o aceptar la corrección seremos capaces de superar esas resistencias por Amor de Dios y de Su Madre Inmaculada.