
La Semana Santa es el corazón de nuestra fe. En estos días santos recordamos y vivimos el misterio más grande del amor de Dios: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. No es solo un recuerdo, sino una invitación a renovar nuestra vida, a acercarnos más al Señor y a redescubrir el sentido profundo de la entrega, el perdón y la esperanza.
El Domingo de Ramos iniciamos este camino acompañando a Jesús en su entrada en Jerusalén. Aclamamos al Señor con alegría, reconociéndolo como Rey de nuestras vidas. Este día nos invita a abrirle el corazón con sinceridad y a seguirle con fidelidad, no solo en los momentos de alegría, sino también en la dificultad.
El Jueves Santo contemplamos el amor hecho servicio en la Última Cena. Jesús nos deja el don inmenso de la Eucaristía y el mandamiento del amor. Para el creyente, este día es una llamada a vivir la fe en lo cotidiano, a servir a los demás con humildad y a reconocer la presencia de Cristo en el Pan y el Vino consagrados.
El Viernes Santo nos situamos ante la Cruz, signo supremo del amor de Dios. Contemplamos a Cristo que entrega su vida por nosotros. Este día nos invita a valorar el sacrificio, a abrazar nuestras propias cruces con fe y a confiar en el amor de Dios incluso en medio del sufrimiento.
El Sábado Santo es un día de silencio, de espera y de esperanza. La Iglesia permanece junto al sepulcro, enseñándonos a confiar en Dios incluso cuando todo parece oscuro. Para el creyente, es un tiempo para profundizar en la fe, aprender a esperar y mantener viva la esperanza.
Y en el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, celebramos la victoria de la vida sobre la muerte. Cristo ha resucitado y con Él renace nuestra esperanza. Este día nos invita a vivir como hombres y mujeres nuevos, a dejar atrás el pecado y a ser testigos de la alegría del Evangelio en nuestra vida diaria.
Invitamos a toda la comunidad a participar con fe y recogimiento en las celebraciones de nuestra parroquia. Que esta Semana Santa 2026 sea para todos un momento de renovación espiritual y un paso más en nuestro camino como creyentes.
P. Antonio Majeesh,ofm