
HOMILÍA SOBRE LUCAS 1, 26-38
“Hágase en mí según tu palabra”
El Evangelio de la solemnidad de la Anunciación del Señor nos introduce en uno de los momentos más decisivos de la historia de la salvación. No hay multitudes, no hay ruido, no hay milagros visibles: hay silencio, una casa sencilla y el corazón abierto de una joven.
Dios irrumpe en la historia de manera humilde, pero definitiva.
El ángel Gabriel anuncia a María un proyecto que supera toda lógica humana. Y, sin embargo, todo dependerá de su respuesta.
Aquí no hay imposición, sino invitación. No hay fuerza, sino gracia.
- Primera clave: La iniciativa de Dios
El Evangelio comienza con un gesto claro: Dios toma la iniciativa.
“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”
No es María quien busca a Dios, es Dios quien sale a su encuentro. Así actúa siempre el Señor: se adelanta, llama, propone, invita.
La elección de María no se basa en méritos humanos, sino en la gracia. Ella es “llena de gracia”, es decir, totalmente habitada por Dios.
También en nuestra vida, Dios tiene la iniciativa. Nos llama en lo cotidiano, en lo sencillo, muchas veces en lo inesperado.
El problema no es que Dios no hable; es que a veces nosotros no escuchamos.
- Segunda clave: El temor y la turbación
El texto dice que María “se turbó” ante el saludo del ángel.
No es miedo paralizante, sino asombro ante lo divino. Es la reacción de quien se sabe pequeño frente a la grandeza de Dios.
El ángel le dice:
“No temas, María.”
Cada vez que Dios llama, también sostiene. No pide sin dar la gracia necesaria.
Cuántas veces nosotros sentimos temor ante lo que Dios nos pide: perdonar, cambiar, confiar, dar un paso más en la fe.
El miedo es humano, pero no puede ser el que tenga la última palabra.
- Tercera clave: La fe que pregunta
María no responde inmediatamente. Pregunta:
“¿Cómo será esto?”
No es duda incrédula, sino búsqueda de comprensión. María quiere entender para poder responder mejor.
La fe verdadera no es ciega ni irracional; es una confianza que también busca comprender.
San Juan Pablo II decía: “La fe y la razón son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la verdad.”
Dios no se ofende por nuestras preguntas cuando nacen de un corazón sincero.
- Cuarta clave: El “sí” que cambia la historia
Finalmente, María pronuncia las palabras más importantes del Evangelio:
“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”
Este “sí” no es fácil ni superficial. Es un acto de entrega total. María no entiende todo, pero confía plenamente.
Y en ese instante, el Verbo se hace carne.
Dios entra en la historia porque una mujer creyó.
San Bernardo decía:
“El mundo entero esperaba la respuesta de María.”
También hoy, Dios sigue esperando nuestro “sí”. Tal vez no para una misión tan grande como la de María, pero sí para algo concreto, real, necesario.
Cada acto de fe abre espacio a Dios en el mundo.
Este Evangelio nos coloca ante una pregunta decisiva:
¿Nos resistimos al plan de Dios o lo acogemos?
¿Nos cerramos por miedo o respondemos con confianza?
María nos enseña que la grandeza no está en hacer cosas extraordinarias, sino en decir “sí” a Dios en lo cotidiano.
La Cuaresma es tiempo de disponibilidad, de escucha, de apertura.
Hoy el Señor también nos habla, también nos llama, también espera.
Y en el silencio del corazón, como a María, nos dice:
“No temas… estoy contigo.”
Que podamos responder con fe:
“Hágase en mí según tu palabra.”
Fray Antonio Majeesh,OFM