
HOMILÍA SOBRE MATEO 26, 14 — 27, 66
“Pasión de nuestro Señor Jesucristo
Hoy, Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, entramos en el corazón del misterio cristiano. La liturgia nos hace pasar del júbilo de la entrada en Jerusalén al drama de la cruz. San Mateo nos presenta a Jesús plenamente consciente de lo que va a suceder: no es una víctima pasiva, sino el Hijo que acepta libremente el camino del amor hasta el extremo. En medio de la traición, la injusticia y el abandono, Jesús permanece firme, sosteniendo a sus discípulos y revelando un amor que no se detiene ante el sufrimiento.
Primera clave: Jesús sabe y asume la cruz
Jesús conoce lo que le espera: la traición de Judas, la negación de Pedro, el abandono de los discípulos. Y aun así, no huye. Acepta la cruz con libertad y amor. No es el dolor lo que busca, sino la salvación de todos.
Como decía San León Magno:“La pasión de Cristo es el sacramento de nuestra salvación.”En Jesús vemos que el sufrimiento, unido al amor, no es inútil. También nuestras cruces, vividas con fe, pueden convertirse en camino de vida.
Segunda clave: La injusticia del mundo y la verdad de Cristo
El proceso contra Jesús está lleno de injusticias, mentiras y manipulaciones. Las autoridades lo condenan sin verdad. Sin embargo, son los paganos —la mujer de Pilato, el centurión— quienes reconocen su inocencia.
San Agustín decía:“Fue juzgado injustamente para que nosotros fuéramos justificados.”Jesús, el inocente, carga con el pecado del mundo. Esto nos invita a preguntarnos: ¿estamos del lado de la verdad o nos dejamos llevar por la presión, el miedo o la conveniencia?
Tercera clave: El poder del amor en la cruz
En la cruz, Jesús parece derrotado, pero en realidad está manifestando el verdadero poder de Dios: el amor. No responde con violencia, no se defiende, no baja de la cruz. Ama hasta el final.
San Juan Crisóstomo afirmaba:“La cruz es más fuerte que el mundo entero.”
Mirando a Cristo crucificado descubrimos que la verdadera fuerza no está en dominar, sino en amar y entregarse. Su sufrimiento no es estéril: Él sufre con nosotros y por nosotros.
Meditar la Pasión es cruzar nuestra mirada con la de Jesús. En su rostro herido encontramos paz, sentido y esperanza. Él ha asumido todo lo humano: el dolor, la traición, el miedo, la muerte… para redimirlo todo.
La Semana Santa comienza con esta invitación: no quedarnos como espectadores, sino entrar en el misterio, acompañar a Jesús, caminar con Él.
Que al contemplar su cruz descubramos que su omnipotencia es el amor, que su victoria es la misericordia, y que en su resurrección está también nuestra vida.
Dirigido por:
Fray Antonio Majeesh George Kallely, OFM