
HOMILÍA SOBRE JUAN 10, 31-42
“Intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos”
Introducción
El Evangelio de hoy nos presenta un momento dramático en la vida de Jesús. La tensión ha llegado a su punto más alto: quienes lo escuchan toman piedras para matarlo. ¿El motivo? Jesús ha revelado su identidad más profunda: es el Hijo de Dios. Ante esta verdad, algunos se abren a la fe, pero otros se cierran completamente. Este pasaje nos confronta con una realidad que también vivimos hoy: Dios se manifiesta, pero el corazón humano puede acogerlo o rechazarlo.
Primera clave: La resistencia del corazón humano
La reacción de los judíos es violenta. No pueden aceptar lo que Jesús dice porque rompe sus esquemas. Prefieren aferrarse a sus seguridades antes que abrirse a la novedad de Dios. Así sucede también con nosotros: cuando el Evangelio nos exige cambiar, perdonar o salir de nuestra comodidad, podemos resistirnos. El problema no es que Dios no hable, sino que muchas veces no queremos escuchar.
Como enseña San Agustín:
“Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.”
La gracia de Dios siempre está disponible, pero necesita un corazón abierto para actuar.
Segunda clave: Las obras que dan testimonio
Jesús no solo habla, también actúa. Sus obras —sanar, liberar, amar— son signos claros de que viene de Dios. Por eso dice: “Si no me creéis a mí, creed a las obras”. La fe no es irracional; tiene signos concretos. En nuestra vida, Dios también deja huellas: en personas, en acontecimientos, en momentos de gracia. La pregunta es si sabemos reconocer esas obras o si pasamos de largo.
San Juan Crisóstomo decía: “No creer en las obras de Cristo es cerrar los ojos a la evidencia de la verdad.” Dios sigue obrando; el desafío es aprender a ver.
Tercera clave: La vida en manos de Dios
El Evangelio dice que “intentaron detenerlo, pero se les escabulló de las manos”. Jesús no huye por miedo, sino porque aún no ha llegado su hora. Su vida está en manos del Padre. Esta es una gran enseñanza para nosotros: también nuestra vida está sostenida por Dios. Nada escapa a su mirada ni a su plan. Incluso en medio de dificultades, Él sigue guiando nuestra historia.
San Cipriano de Cartago afirmaba: “Nada puede suceder si Dios no lo permite, y todo lo que permite es para nuestro bien.” Esta certeza nos da paz en medio de cualquier circunstancia.
Conclusión
Este Evangelio nos invita a tomar una decisión: ¿rechazamos a Jesús cuando su palabra nos incomoda o lo acogemos con fe? La Cuaresma es tiempo de abrir el corazón, de dejar caer las resistencias y de aprender a reconocer a Dios en nuestra vida. Que no intentemos detener al Señor con nuestros miedos o cerrazones, sino que, confiando en Él, podamos acoger su presencia y caminar con fe, sabiendo que todo está en sus manos.
Como decía San Agustín: “Temo a Jesús que pasa y no vuelve.” Que no dejemos pasar al Señor sin abrirle el corazón.
Dirigido por:
Fray Antonio Majeesh George Kallely, OFM