
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
“Decid a la hija de Sión: Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno…” (cf. Evangelio de Mateo 21,5)
Hoy la Iglesia contempla el misterio de Cristo que entra en Jerusalén, aclamado como Rey, pero revelándose como el Siervo sufriente. La liturgia une el júbilo de los ramos con la proclamación de la Pasión, porque no hay verdadera realeza en Cristo sin la Cruz.
En la Pasión según san Mateo escuchamos: “Verdaderamente este era Hijo de Dios” (cf. Evangelio de Mateo 27,54).
Es en el anonadamiento, en la entrega total, donde se manifiesta la identidad divina de Cristo. Su trono es la cruz; su corona, de espinas; su poder, el amor que se dona hasta el extremo.
Como enseña San Agustín de Hipona: “Cristo no perdió la vida, sino que la entregó; no fue vencido, sino que venció entregándose.”
Y también San Juan Crisóstomo nos recuerda: “Aprende dónde está la verdadera victoria: no en dominar, sino en sufrir por amor.”
Este día nos introduce en el corazón del misterio pascual: la kenosis del Hijo de Dios (cf. Flp 2,6-8), que nos llama a una conversión profunda. No basta aclamar con ramos; es necesario seguirle en el camino de la cruz, con humildad, obediencia y amor.
Que esta Semana Santa sea un tiempo de gracia: de silencio que escucha, de oración que transforma, de humildad que configura nuestra vida con Cristo.
“Señor Jesús, Rey humilde y crucificado, haznos partícipes de tu entrega, para que, muriendo al pecado, vivamos contigo la vida nueva. Amén.”
Dirigido por:
Fray Antonio Majeesh George Kallely, OFM