HOMILÍA SOBRE LUCAS 24, 13–35
“Jesús se hace compañero de camino”
Hoy, miércoles de la Octava de Pascua, el Evangelio nos presenta el hermoso relato de los discípulos de Emaús. Dos hombres que caminan tristes, desanimados, con el corazón lleno de dudas. Han perdido la esperanza. Y, sin embargo, es precisamente en ese camino de confusión donde Jesús resucitado se acerca y camina con ellos.

Primera clave: Jesús camina con nosotros en nuestras crisis
Los discípulos se alejan de Jerusalén, símbolo de la comunidad y de la fe. Van decepcionados: “Nosotros esperábamos…”. Es el drama de la esperanza rota.

También nosotros, muchas veces, caminamos así: desilusionados, confundidos, sin entender lo que Dios permite en nuestra vida. Pero el Evangelio nos revela algo maravilloso: Jesús se acerca, aunque no lo reconozcamos.

Como decía San Juan Pablo II: “El hombre no puede vivir sin esperanza.”

Jesús no abandona nuestro camino. Se hace compañero, incluso cuando nuestros ojos están velados.

Segunda clave: La Palabra que enciende el corazón
Jesús comienza a explicarles las Escrituras. Les ayuda a comprender que la cruz no era el final, sino el camino hacia la gloria.

Y algo cambia dentro de ellos: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino?”

La Palabra de Dios tiene ese poder: ilumina, consuela, da sentido. Cuando escuchamos a Dios, nuestro corazón vuelve a la vida.

Como enseñaba San Jerónimo: “Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo.”

Necesitamos volver a la Palabra, dejar que Dios nos hable en medio de nuestras dudas.

Tercera clave: El encuentro en la Eucaristía y la misión
Los discípulos reconocen a Jesús al partir el pan. Es un gesto profundamente eucarístico. En ese momento, sus ojos se abren.

La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro con Cristo resucitado. Allí Él se nos da, nos transforma y nos envía.

Y ocurre algo hermoso: inmediatamente regresan a Jerusalén. Pasan de la tristeza a la alegría, del miedo al anuncio.

Como afirmaba San Agustín de Hipona: “Lo que han visto, lo anuncian; lo que han recibido, lo comparten.”

El encuentro con Cristo nunca nos deja iguales: nos impulsa a volver, a anunciar, a vivir con fe renovada.

Este Evangelio es un espejo de nuestra vida. Todos somos, en algún momento, discípulos de Emaús: caminando con dudas, buscando sentido.

Pero Jesús sigue acercándose, explicando, partiendo el pan y encendiendo nuestro corazón.

Que en esta Pascua podamos reconocerlo en nuestro camino, en su Palabra y en la Eucaristía.
Y que, como aquellos discípulos, volvamos con alegría a anunciar: ¡El Señor ha resucitado!

Dirigido por:
Fray Antonio Majeesh George Kallely, OFM