HOMILÍA SOBRE LUCAS 24, 35–48
“El Señor está en medio de nosotros”
“El Señor está en medio de nosotros”
En este viernes de la Octava de Pascua, el Evangelio de san Lucas nos introduce en una escena profundamente humana: los discípulos están reunidos, compartiendo lo que han vivido, intentando comprender los acontecimientos que han trastornado sus vidas. En medio de esa conversación, marcada por la sorpresa y la incertidumbre, Jesús mismo se hace presente. No llega desde fuera, sino que se coloca “en medio de ellos”, como centro, como fundamento, como respuesta.
Así es también hoy: Cristo resucitado sigue haciéndose presente en medio de su Iglesia, en medio de nuestras comunidades, en medio de nuestras vidas concretas.
Primera clave: Cristo se hace presente en nuestra fragilidad
Jesús no espera a que los discípulos tengan una fe perfecta para manifestarse. Se presenta en medio de sus dudas, de su miedo, de su desconcierto.
Esto nos enseña que Dios no actúa cuando todo está resuelto, sino precisamente en medio de nuestras debilidades.
Los discípulos están turbados, inseguros, incapaces de creer plenamente. Y, sin embargo, ahí está Jesús, ofreciéndose sin reproches.
San Gregorio Magno decía: “La duda de los discípulos fue para nosotros ocasión de fe.”
También nosotros vivimos momentos de incertidumbre, pero es ahí donde el Señor quiere encontrarnos y sostenernos.
Jesús no espera a que los discípulos tengan una fe perfecta para manifestarse. Se presenta en medio de sus dudas, de su miedo, de su desconcierto.
Esto nos enseña que Dios no actúa cuando todo está resuelto, sino precisamente en medio de nuestras debilidades.
Los discípulos están turbados, inseguros, incapaces de creer plenamente. Y, sin embargo, ahí está Jesús, ofreciéndose sin reproches.
San Gregorio Magno decía: “La duda de los discípulos fue para nosotros ocasión de fe.”
También nosotros vivimos momentos de incertidumbre, pero es ahí donde el Señor quiere encontrarnos y sostenernos.
Segunda clave: El Resucitado se revela en lo concreto y en lo cotidiano
Jesús muestra sus manos y sus pies, e incluso come delante de ellos. No es un espíritu, es el mismo Señor, vivo y real.
Este gesto nos recuerda que la fe cristiana no es una idea abstracta, sino un encuentro concreto con una persona viva.
Pero además, el Señor se deja reconocer en lo sencillo: en la Eucaristía, en la comunidad, en los signos humildes de cada día.
San León Magno afirmaba: “Lo que era visible en Cristo ha pasado a los sacramentos de la Iglesia.”
Por eso, necesitamos aprender a descubrir su presencia en lo cotidiano.
Jesús muestra sus manos y sus pies, e incluso come delante de ellos. No es un espíritu, es el mismo Señor, vivo y real.
Este gesto nos recuerda que la fe cristiana no es una idea abstracta, sino un encuentro concreto con una persona viva.
Pero además, el Señor se deja reconocer en lo sencillo: en la Eucaristía, en la comunidad, en los signos humildes de cada día.
San León Magno afirmaba: “Lo que era visible en Cristo ha pasado a los sacramentos de la Iglesia.”
Por eso, necesitamos aprender a descubrir su presencia en lo cotidiano.
Tercera clave: De la comprensión a la misión
Jesús abre la mente de los discípulos para comprender las Escrituras y les revela el sentido de todo lo sucedido.
La cruz no fue el final, sino el camino hacia la vida. Y esta comprensión lleva inmediatamente a la misión:
“Vosotros sois testigos de estas cosas.”
El encuentro con Cristo resucitado no puede quedarse en lo interior; se convierte en anuncio.
San Beda el Venerable decía: “Cristo abre la inteligencia para que la Escritura arda en el corazón.”
Cuando el corazón arde, la vida se transforma y nace el deseo de comunicar la fe.
Conclusión
Queridos hermanos, el Señor sigue poniéndose en medio de nosotros.
Él entra en nuestras dudas para regalarnos su paz.
Se hace cercano en lo cotidiano para fortalecer nuestra fe.
Y nos envía como testigos de su presencia viva.
Pidamos en esta Pascua un corazón abierto para reconocerle, una fe firme para acogerle y una vida valiente para anunciarle.
Que podamos vivir como verdaderos testigos del Resucitado.
Amén.
Jesús abre la mente de los discípulos para comprender las Escrituras y les revela el sentido de todo lo sucedido.
La cruz no fue el final, sino el camino hacia la vida. Y esta comprensión lleva inmediatamente a la misión:
“Vosotros sois testigos de estas cosas.”
El encuentro con Cristo resucitado no puede quedarse en lo interior; se convierte en anuncio.
San Beda el Venerable decía: “Cristo abre la inteligencia para que la Escritura arda en el corazón.”
Cuando el corazón arde, la vida se transforma y nace el deseo de comunicar la fe.
Conclusión
Queridos hermanos, el Señor sigue poniéndose en medio de nosotros.
Él entra en nuestras dudas para regalarnos su paz.
Se hace cercano en lo cotidiano para fortalecer nuestra fe.
Y nos envía como testigos de su presencia viva.
Pidamos en esta Pascua un corazón abierto para reconocerle, una fe firme para acogerle y una vida valiente para anunciarle.
Que podamos vivir como verdaderos testigos del Resucitado.
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM