
HOMILÍA SOBRE JUAN 6, 22–29
“Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna”
“Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna”
En este lunes de la III semana de Pascua, el Evangelio según San Juan nos presenta a la gente que busca a Jesús después de la multiplicación de los panes.
Lo buscan… pero no del todo por las razones correctas.
Han comido, se han saciado, y ahora quieren más.
Buscan a Jesús, sí… pero buscan el pan material, el milagro, la solución inmediata.
Y entonces el Señor les dice algo que también hoy nos interpela profundamente:
“Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna.”
Lo buscan… pero no del todo por las razones correctas.
Han comido, se han saciado, y ahora quieren más.
Buscan a Jesús, sí… pero buscan el pan material, el milagro, la solución inmediata.
Y entonces el Señor les dice algo que también hoy nos interpela profundamente:
“Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna.”
Primera clave: Buscar a Jesús por quien es, no solo por lo que da
La multitud sigue a Jesús porque ha recibido algo de Él.
Pero Jesús quiere llevarlos más lejos.
No se trata solo de buscar a Dios cuando necesitamos algo:
salud, trabajo, soluciones…
Se trata de buscarlo por amor, por fe, por deseo de vida verdadera.
¿Cuántas veces también nosotros nos acercamos a Dios solo cuando lo necesitamos?
Y cuando todo va bien… nos olvidamos.
El Señor nos invita a dar un paso más profundo:no quedarnos en lo superficial, sino entrar en una relación auténtica con Él.
Como enseñaba San Agustín:“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”
La multitud sigue a Jesús porque ha recibido algo de Él.
Pero Jesús quiere llevarlos más lejos.
No se trata solo de buscar a Dios cuando necesitamos algo:
salud, trabajo, soluciones…
Se trata de buscarlo por amor, por fe, por deseo de vida verdadera.
¿Cuántas veces también nosotros nos acercamos a Dios solo cuando lo necesitamos?
Y cuando todo va bien… nos olvidamos.
El Señor nos invita a dar un paso más profundo:no quedarnos en lo superficial, sino entrar en una relación auténtica con Él.
Como enseñaba San Agustín:“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.”
Segunda clave: El alimento que no perece
Jesús habla de un alimento distinto.
No es el pan que se acaba… es el que da vida eterna.
Ese alimento es Él mismo.
En este discurso del pan de vida, Jesús nos prepara para comprender el gran don de la Eucaristía.
Allí no recibimos algo… recibimos a Alguien.
Como decía San Ignacio de Antioquía:“La Eucaristía es medicina de inmortalidad.”
En un mundo que nos ofrece tantos “alimentos” que no sacian —éxito, dinero, placer—,
Jesús nos ofrece lo único que realmente llena el corazón.
Jesús habla de un alimento distinto.
No es el pan que se acaba… es el que da vida eterna.
Ese alimento es Él mismo.
En este discurso del pan de vida, Jesús nos prepara para comprender el gran don de la Eucaristía.
Allí no recibimos algo… recibimos a Alguien.
Como decía San Ignacio de Antioquía:“La Eucaristía es medicina de inmortalidad.”
En un mundo que nos ofrece tantos “alimentos” que no sacian —éxito, dinero, placer—,
Jesús nos ofrece lo único que realmente llena el corazón.
Tercera clave: La obra de Dios es creer
Cuando la gente pregunta:
“¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”,
Jesús responde de manera sorprendente:
“Que creáis en el que Él ha enviado.”
La primera obra, la más importante, es creer.
Creer no es solo aceptar ideas…es confiar, entregarse, abrir el corazón.
Es poner nuestra vida en manos de Cristo.
Como enseñaba Benedicto XVI:“Creer es entrar en una relación personal con Cristo.”
Cuando la gente pregunta:
“¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”,
Jesús responde de manera sorprendente:
“Que creáis en el que Él ha enviado.”
La primera obra, la más importante, es creer.
Creer no es solo aceptar ideas…es confiar, entregarse, abrir el corazón.
Es poner nuestra vida en manos de Cristo.
Como enseñaba Benedicto XVI:“Creer es entrar en una relación personal con Cristo.”
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a revisar nuestra fe:
¿Buscamos a Jesús solo por lo que nos da…
o por quien Él es?
¿Nos conformamos con lo pasajero…o buscamos la vida eterna?
¿Vivimos una fe superficial…o una confianza profunda en Él?
Pidamos hoy la gracia de buscar el verdadero alimento,
de acercarnos a Jesús con un corazón sincero,
y de creer en Él con toda nuestra vida.
Que la Eucaristía que celebramos
nos enseñe a desear lo eterno más que lo pasajero.
Porque solo Cristo sacia el hambre más profunda del corazón. Amén.
¿Buscamos a Jesús solo por lo que nos da…
o por quien Él es?
¿Nos conformamos con lo pasajero…o buscamos la vida eterna?
¿Vivimos una fe superficial…o una confianza profunda en Él?
Pidamos hoy la gracia de buscar el verdadero alimento,
de acercarnos a Jesús con un corazón sincero,
y de creer en Él con toda nuestra vida.
Que la Eucaristía que celebramos
nos enseñe a desear lo eterno más que lo pasajero.
Porque solo Cristo sacia el hambre más profunda del corazón. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM