HOMILÍA SOBRE JUAN 6, 44–51
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”
En este jueves de la III semana de Pascua, el Evangelio según San Juan nos presenta una de las afirmaciones más profundas de Jesús:
“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo;
el que coma de este pan vivirá para siempre.”
Estas palabras nos introducen en el corazón del misterio de la fe:
Jesús como alimento de vida eterna.
Primera clave: Nadie puede venir si el Padre no lo atrae
Jesús dice algo muy importante:
“Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre.”
La fe no es solo un esfuerzo humano.
Es, ante todo, un don de Dios.
Es el Padre quien toca el corazón, quien llama en lo profundo,
quien nos atrae suavemente hacia su Hijo.
¿Cuántas veces hemos sentido ese llamado interior?
Un deseo de Dios, una inquietud, una necesidad de algo más…
Eso es Dios que nos busca primero.
Como decía San Agustín:
“Dios está más cerca de nosotros que nosotros mismos.”
Segunda clave: Jesús, el pan vivo bajado del cielo
Jesús no dice solo que da pan…
dice que Él es el pan.
Y no cualquier pan, sino el “pan vivo”.
Esto significa que en Él hay vida, y vida que no termina.
A diferencia del maná en el desierto, que era pasajero,
Jesús es el alimento definitivo.
Es el don más grande del Padre a la humanidad.
Como enseñaba San León Magno:
“La participación en el Cuerpo y la Sangre de Cristo no hace otra cosa que transformarnos en aquello que recibimos.”
Tercera clave: Un pan que se entrega por la vida del mundo
Jesús da un paso más y dice:
“El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”
Aquí se anuncia claramente el misterio de la cruz y de la Eucaristía.
Jesús no solo viene del cielo…
se entrega totalmente por nosotros.
Su vida es un don.
Y en cada Eucaristía ese don se hace presente.
No es solo un símbolo:
es Cristo mismo que se nos da como alimento.
Como decía San Juan Pablo II:
“La Iglesia vive de la Eucaristía.”
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a abrir el corazón:
A dejarnos atraer por el Padre.
A acercarnos a Jesús, Pan vivo.
A recibirlo con fe en la Eucaristía.
No tengamos miedo de acercarnos a Él.
No tengamos miedo de creer.
Porque quien se alimenta de Cristo
tiene vida… y vida eterna.
Que cada comunión sea un encuentro vivo con Jesús,
y que Él transforme nuestro corazón.
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM