
HOMILÍA SOBRE JUAN 6, 52–59
“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”
“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”
En este viernes de la III semana de Pascua, el Evangelio según San Juan nos presenta uno de los mensajes más profundos y también más exigentes de Jesús.
Sus palabras sorprenden, incluso escandalizan a quienes lo escuchan:
“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.”
Muchos no entienden… y se preguntan:
“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Pero Jesús no suaviza su mensaje.
Al contrario, lo reafirma con fuerza.
Sus palabras sorprenden, incluso escandalizan a quienes lo escuchan:
“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.”
Muchos no entienden… y se preguntan:
“¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”
Pero Jesús no suaviza su mensaje.
Al contrario, lo reafirma con fuerza.
Primera clave: Un misterio que supera nuestra lógica
Las palabras de Jesús no son fáciles de comprender.
Habla de comer su carne y beber su sangre.
Esto supera nuestra razón humana.
Pero aquí está el corazón de la fe:
confiar en la palabra de Cristo, incluso cuando no entendemos del todo.
La fe no elimina el misterio… lo abraza.
Como enseñaba Santo Tomás de Aquino:
“La fe es creer en lo que no vemos.”
Dios es más grande que nuestra mente,
y su amor se expresa de maneras que nos sobrepasan.
Las palabras de Jesús no son fáciles de comprender.
Habla de comer su carne y beber su sangre.
Esto supera nuestra razón humana.
Pero aquí está el corazón de la fe:
confiar en la palabra de Cristo, incluso cuando no entendemos del todo.
La fe no elimina el misterio… lo abraza.
Como enseñaba Santo Tomás de Aquino:
“La fe es creer en lo que no vemos.”
Dios es más grande que nuestra mente,
y su amor se expresa de maneras que nos sobrepasan.
Segunda clave: La Eucaristía es verdadera presencia
Jesús no habla en sentido simbólico.
Dice claramente:
“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.”
Aquí se revela el gran don de la Eucaristía.
No es solo un recuerdo,
no es solo un signo…
Es Cristo mismo, real y vivo, que se nos da como alimento.
Como enseñaba San Juan Pablo II:
“La Eucaristía es el centro y la raíz de la vida cristiana.”
Cada vez que participamos en la misa,
recibimos al mismo Jesús.
Jesús no habla en sentido simbólico.
Dice claramente:
“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.”
Aquí se revela el gran don de la Eucaristía.
No es solo un recuerdo,
no es solo un signo…
Es Cristo mismo, real y vivo, que se nos da como alimento.
Como enseñaba San Juan Pablo II:
“La Eucaristía es el centro y la raíz de la vida cristiana.”
Cada vez que participamos en la misa,
recibimos al mismo Jesús.
Tercera clave: Permanecer en Cristo
Jesús añade una promesa maravillosa:
“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.”
Aquí está el fruto de la Eucaristía:
la unión profunda con Cristo.
No es solo recibir… es permanecer.
Es vivir unidos a Él cada día.
Es dejar que su vida transforme la nuestra.
Como decía Santa Teresa de Jesús:
“Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí.”
Jesús añade una promesa maravillosa:
“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.”
Aquí está el fruto de la Eucaristía:
la unión profunda con Cristo.
No es solo recibir… es permanecer.
Es vivir unidos a Él cada día.
Es dejar que su vida transforme la nuestra.
Como decía Santa Teresa de Jesús:
“Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí.”
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a profundizar en este gran misterio:
A no tener miedo de lo que no entendemos,
sino a confiar.
A acercarnos a la Eucaristía con fe viva,
reconociendo en ella la presencia real de Cristo.
Y a vivir en comunión con Él cada día.
Que cada misa sea para nosotros
un encuentro verdadero con Jesús,
Pan de Vida.
Y que, alimentados por Él,
permanezcamos en su amor.
Amén.
A no tener miedo de lo que no entendemos,
sino a confiar.
A acercarnos a la Eucaristía con fe viva,
reconociendo en ella la presencia real de Cristo.
Y a vivir en comunión con Él cada día.
Que cada misa sea para nosotros
un encuentro verdadero con Jesús,
Pan de Vida.
Y que, alimentados por Él,
permanezcamos en su amor.
Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM