HOMILÍA SOBRE JUAN 10, 1–10
“Yo soy la puerta de las ovejas”
En este martes de la IV semana de Pascua, el Evangelio según san Juan nos presenta una afirmación profunda y decisiva de Jesús: “Yo y el Padre somos uno.” Estas palabras no dejan lugar a dudas. Jesús revela su identidad más íntima, su unión total con Dios Padre. Para algunos de sus oyentes, esto resulta difícil de aceptar, incluso escandaloso, pero para nosotros, creyentes, es una luz que ilumina nuestra fe.
Primera clave: Jesús revela su verdadera identidad. Los judíos le preguntan directamente a Jesús: “Si tú eres el Mesías, dínoslo abiertamente.” Jesús responde no solo con palabras, sino con sus obras. Sus milagros, su enseñanza y su amor dan testimonio de quién es Él. Y finalmente lo afirma con claridad: “Yo y el Padre somos uno.” Jesús no es solo un profeta ni un maestro más, sino el Hijo de Dios en plena comunión con el Padre. Como enseñaba San Atanasio de Alejandría, el Hijo es uno con el Padre en su misma naturaleza divina.
Segunda clave: Escuchar la voz del Buen Pastor. Jesús dice: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.” Aquí está la clave de la vida cristiana: escuchar y seguir a Cristo. No basta con conocer sobre Él; es necesario reconocer su voz en nuestra vida cotidiana. En medio de tantas voces del mundo, el discípulo aprende a distinguir la voz del Señor, una voz que llama, guía y ama. Seguir a Jesús implica confianza, fidelidad y cercanía.
Tercera clave: Seguridad en las manos de Dios. Jesús nos regala una promesa llena de consuelo: “Yo les doy la vida eterna, y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano.” Qué gran seguridad para el creyente. No estamos solos ni abandonados; estamos en las manos de Cristo y en las manos del Padre. Es una protección firme, un amor que no falla. Como recordaba San Juan Pablo II, “no tengáis miedo; abrid de par en par las puertas a Cristo.”
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a renovar nuestra fe en Él: a creer firmemente que Jesús es uno con el Padre, a escuchar su voz con atención y a seguirlo con confianza. Que no dudemos de su presencia ni de su amor que nos sostiene, y que, viviendo en sus manos, experimentemos la paz y la seguridad que solo Dios puede dar. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM