
HOMILÍA SOBRE MATEO 11, 25–30
“Has escondido estas cosas a los sabios, y las has revelado a los pequeños”
En esta fiesta de Santa Catalina de Siena, el Evangelio según san Mateo nos presenta una oración llena de ternura y profundidad de Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.” En estas palabras, Jesús nos invita a descubrir el camino verdadero para conocer a Dios, un camino que no pasa por la soberbia ni por la autosuficiencia, sino por la humildad del corazón.
Primera clave: La humildad abre el corazón a Dios. Jesús nos enseña que los “pequeños” son aquellos que tienen un corazón sencillo, abierto y confiado. No se trata de ignorancia, sino de humildad. Muchas veces creemos que podemos comprender todo con nuestra inteligencia, pero Dios se revela a quien sabe confiar. Como enseñaba Santa Catalina de Siena, el alma que se reconoce pequeña delante de Dios se abre a recibir su gracia. La humildad no nos rebaja, sino que nos eleva hacia Dios.
Segunda clave: Venid a mí los que estáis cansados. Jesús continúa con una invitación llena de consuelo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.” Estas palabras llegan al corazón de nuestra vida diaria, donde muchas veces cargamos preocupaciones, sufrimientos y cansancios. Cristo no nos promete una vida sin dificultades, pero sí nos ofrece su descanso. Acercarnos a Él en la oración, en los sacramentos y en la confianza nos permite encontrar paz en medio de las pruebas.
Tercera clave: Aprender de Jesús, manso y humilde. Jesús nos dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.” Aquí encontramos el modelo de nuestra vida cristiana. No se trata de imponer, de dominar o de buscar grandeza humana, sino de vivir con mansedumbre y humildad. Como recordaba San Juan Pablo II, el verdadero camino del cristiano es el amor humilde que se entrega. El yugo de Cristo no es pesado, porque es un yugo de amor.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a hacernos pequeños para poder recibir su gracia, a acudir a Él con nuestras cargas y a aprender de su corazón manso y humilde. Que, siguiendo el ejemplo de Santa Catalina de Siena, vivamos con humildad, confianza y amor, y así encontremos el verdadero descanso en Dios. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM