
HOMILÍA SOBRE MATEO 13, 54–58
“¿No es el hijo del carpintero?”
En este día en que la Iglesia también celebra a San José Obrero, el Evangelio según san Mateo nos presenta a Jesús en su tierra, donde la gente, al escucharlo, se sorprende de su sabiduría y de sus obras. Sin embargo, en lugar de abrirse a la fe, se quedan atrapados en lo superficial y dicen: “¿No es este el hijo del carpintero?” Así, aquello que debería acercarlos a Dios se convierte en obstáculo, porque creen conocer a Jesús solo desde lo humano.
Primera clave: El peligro de la familiaridad sin fe. Los habitantes de Nazaret conocían a Jesús desde pequeño. Habían visto su vida sencilla, su familia, su trabajo. Pero precisamente esa cercanía les impide reconocer su verdadera identidad. A veces también nosotros podemos caer en lo mismo: acostumbrarnos tanto a lo sagrado que dejamos de asombrarnos. Como enseñaba San Juan Pablo II, la fe necesita ser siempre renovada para no convertirse en rutina.
Segunda clave: Dios se manifiesta en lo sencillo. Jesús es llamado “el hijo del carpintero”, recordándonos la vida humilde de San José. Dios no eligió grandezas humanas, sino la sencillez de una familia trabajadora. Esto nos enseña que Dios actúa en lo cotidiano, en el trabajo, en la vida sencilla de cada día. No debemos buscarlo solo en lo extraordinario, sino descubrir su presencia en lo humilde.
Tercera clave: La falta de fe limita la acción de Dios. El Evangelio dice que Jesús no hizo muchos milagros allí “a causa de su falta de fe”. No es que Dios no pueda actuar, sino que el corazón cerrado impide acoger su gracia. La fe abre puertas; la incredulidad las cierra. Como recordaba Santa Teresa de Jesús, la confianza en Dios es el camino para experimentar su acción en nuestra vida.
Queridos hermanos, hoy el Señor nos invita a no quedarnos en una fe superficial, a no acostumbrarnos a su presencia, sino a redescubrirlo cada día con un corazón abierto. Que, siguiendo el ejemplo de San José Obrero, vivamos con sencillez, fe y fidelidad en lo cotidiano. Y que sepamos reconocer a Cristo en nuestra vida diaria, para que su gracia actúe plenamente en nosotros. Amén.
Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM