
Durante los días 28, 29 y 30 de abril, así como el 1 de mayo de 2026, la ciudad de Toledo ha vivido con intensidad y fervor las tradicionales celebraciones en honor de Nuestra Señora del Valle, una devoción profundamente arraigada en la vida cristiana del pueblo toledano.
Estas fiestas han sido vividas en estrecha comunión con la comunidad parroquial y la cofradía, contando también con la presencia y colaboración de los frailes menores, quienes, con su dedicación pastoral, han contribuido a mantener viva esta expresión de fe y piedad mariana. La ermita de la Virgen del Valle continúa siendo, así, un lugar privilegiado de encuentro con Dios, donde los fieles acuden para encomendar sus vidas a la intercesión de la Madre.
Con motivo del 400 aniversario de esta querida devoción, la ciudad de Toledo ha renovado, de manera especialmente intensa, su amor y dedicación a la Virgen del Valle. La romería ha reunido a una gran multitud de fieles, destacando por la amplia participación y el fervor vivido, y evidenciando el fuerte lazo espiritual y afectivo que une a los toledanos con esta imagen mariana, considerada por muchos como una auténtica patrona del corazón.
Uno de los instantes más significativos fue la salida de la Virgen desde su ermita, en medio del repique de campanas, el estallido de cohetes y las voces entusiastas de los devotos. Adornada con las joyas ofrecidas por sus fieles y cobijada bajo un arco de flores, la imagen avanzó acompañada por una multitud que vivía el momento con recogimiento y emoción, manifestando así su fe y amor filial hacia la Madre.
La romería ofreció también escenas de gran carga personal y espiritual, como la de una devota llegada desde las Islas Canarias para cumplir una promesa en un momento de dificultad, signo claro de una devoción que supera distancias y generaciones, permaneciendo viva en el corazón de tantos fieles.
Los actos comenzaron los días 28 y 29 de abril con el rezo del Santo Rosario, seguido de la celebración eucarística y el tradicional besamanos a la imagen de la Virgen, en un ambiente de recogimiento, oración y cercanía filial, preparando así espiritualmente a los fieles para los días centrales.
El día 30 de abril tuvo lugar una jornada especialmente significativa. Al mediodía se celebró el rezo del Ángelus acompañado de salvas en honor a Nuestra Señora, seguido de un momento de convivencia fraterna con el tradicional reparto de pan y queso. Por la tarde, la comunidad volvió a reunirse para el Santo Rosario y la Santa Misa. En este contexto se realizó la entrega de nombramientos y la imposición de medallas a los nuevos mayordomos, signo de compromiso y servicio dentro de la cofradía. La jornada concluyó con el sorteo de medallas de plata, reforzando el carácter festivo y comunitario de la celebración.
El momento culminante tuvo lugar el día 1 de mayo, Fiesta Principal. Durante la mañana se celebraron diversas misas de acción de gracias, presididas por los frailes menores de la Provincia de la Inmaculada Concepción, que congregaron a numerosos fieles. A las 11:00 horas tuvo lugar la solemne Misa principal, presidida por el Arzobispo de Toledo, Primado de España, cuya presencia constituyó un signo visible de comunión con la Iglesia diocesana.
En su homilía, el prelado destacó la profunda importancia de la devoción a la Virgen del Valle en la vida de la ciudad, subrayando el valor espiritual de la ermita como lugar de encuentro con Dios y de especial cercanía a la Madre. Recordó que María sigue siendo presencia viva en medio de su pueblo, acompañando, protegiendo y guiando a los fieles en su caminar cristiano. Invitó a todos a mantener viva esta tradición, no solo como herencia cultural, sino como un verdadero camino de fe, confianza y entrega a Dios por medio de la Virgen.
Por la tarde tuvo lugar la tradicional procesión con la imagen de Nuestra Señora, que recorrió las calles acompañadas por numerosos devotos, en una manifestación pública de fe y amor a la Virgen, reflejo de la identidad cristiana del pueblo y de su confianza en la intercesión maternal de María.
De este modo, estas fiestas han vuelto a poner de manifiesto la vitalidad de la fe del pueblo de Toledo y la importancia de conservar y transmitir estas tradiciones que fortalecen la vida cristiana y la comunión eclesial.
Damos gracias a Dios por todos los frutos espirituales recibidos y pedimos a Nuestra Señora del Valle que continúe acompañando y protegiendo a todos sus hijos.
Fr. Antonio Majeesh


