HOMILÍA SOBRE JUAN 15, 12–17
“Esto os mando: que os améis unos a otros”

En este viernes de la V semana de Pascua, el Evangelio según san Juan nos sitúa en el corazón del mensaje de Jesús: el mandamiento del amor. En la intimidad de la Última Cena, el Señor no deja a sus discípulos una norma complicada, sino una enseñanza clara y exigente: “Amaos unos a otros como yo os he amado.” Este amor no es cualquiera; es el mismo amor de Cristo, un amor entregado, generoso y sin medida.

Primera clave: Amar como Cristo nos ha amado.
Jesús no solo nos pide amar, sino amar “como Él.” Esto significa un amor que se dona, que se entrega incluso hasta el sacrificio. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.” El amor cristiano no se queda en palabras, sino que se concreta en gestos, en servicio, en entrega diaria. Como enseñaba San Maximiliano Kolbe, el amor verdadero es siempre dispuesto a darse por los demás.

Segunda clave: De siervos a amigos.
Jesús dice: “Ya no os llamo siervos… a vosotros os llamo amigos.” Esta es una revelación maravillosa: el Señor nos introduce en una relación de amistad con Él. El siervo cumple órdenes; el amigo comparte la vida, conoce el corazón. Jesús nos ha revelado todo lo que ha oído del Padre, y nos invita a vivir en esa cercanía, en esa confianza. Como recordaba Santa Teresa de Jesús, tratar con Dios es tratar con un amigo que nunca falla.

Tercera clave: Elegidos para dar fruto que permanezca.
Jesús afirma: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido.” Esta elección es un don y una misión: dar fruto, y un fruto que permanezca. Ese fruto es el amor vivido en lo concreto: en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en cada gesto cotidiano. No estamos llamados a una vida estéril, sino a una vida fecunda que deje huella de bien en el mundo.
La Iglesia vive de este mandamiento del amor. En medio de un mundo marcado por divisiones, el cristiano está llamado a ser signo de unidad, de entrega y de fraternidad.

Queridos hermanos, hoy el Señor nos renueva su mandamiento: que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado. Que este amor no sea solo palabras, sino vida concreta. Y que, viviendo como amigos de Cristo, demos fruto abundante que permanezca para siempre. Amén.

Dirigido por:
Fr. Antonio Majeesh George Kallely, OFM